En el hospital, la calefacción estaba a una temperatura que seguro nada tenía que ver con cuidar el ambiente. Yo estaba de camisón sin mangas y me tapaba solo por pudor, no por frío.

El día que mi hija nació teníamos su ropa lista hacía tiempo. Y usamos lo que llevamos, aunque es menudita y el talle recién nacido le quedaba grande. Para sorpresa hasta de nosotros mismos, habíamos hecho muy bien los deberes. Ale y  yo habíamos puesto 3 mudas de ropa, cada una con conjunto de algodón y de lana o hilo. Muy lindo todo.

Como primera muda elegimos un conjunto super suave, azul, celeste y blanco, con un gorrito. Sobre eso, iba un conjunto rosado con detalles blancos, de hilo. Más medias, batita y que se yo. Y sobre eso el rebozo tejido por mi tía adorada.

Una vez en la habitación, ya eran las 10 de la noche y la nena tenía la nuca hirviendo. Le sacamos la muda de hilo. Quedó preciosa, de azul, celeste y blanco.

 

– ¡Que precioso! (Comentario de rigor) ¿Cómo se llama?

– Maite – contestaba yo sin ningún tono, esperando que la otra persona entendiera el error

– Ay, no me digas… ¡esperabas varón!

– … no

 

La mayoría de las personas, me devolvió una mirada fija y sorprendida. Yo me imaginaba que por esas cabecitas pasaba la idea: “¿Y por qué celeste, entonces?”.

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Uno de los cochecitos de Maite fue regalo de su tío más joven. Él nos dio a elegir varios modelos y colores. Elegimos un modelo que podía ser rojo o azul. El primero era como muy chillón y no me gustaba como quedaba la combinación. Elegimos el azul.

Todas, TODAS las señoras y señores del barrio, los vecinos en el supermercado, los taxistas, me repetían una y otra vez: ¡Que lindo varón!

Y eso que desde los 10 días mi hija tiene un par de perlas como caravanas. Y eso que a veces va de vestido, o de violeta, o de fuccia, o con una mantita de osito rosada. No importa. El coche es azul, así que adentro debe ir un varón.

También tuve que aclarar varias veces que el coche había sido elegido, que no era de un
primo machote que tenía una mamá que había cuidado mucho lo suyo hasta no precisarlo más.

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Maite tiene mucha ropa heredada. Regalos y bondades de amigos que tienen hijos mayores que la nuestra, varones y nenas. Así que contamos con un stock de ropa unisex bastante amplio.

Se podrán imaginar que las veces que mi hija anda por la vida vestida de princesa no son muchas. O ninguna. Hasta que no lo pida, lo quiera o necesite hacerlo, no saldrá de mí ni de mi esposo. A veces me pregunto cuánto le estoy complicando la vida; si es que lo estoy haciendo.

Igual no dudo. Creo con firmeza que no hay colores de nena y de varón, como no hay tantas otras cosas de nena o de varón, o de hombre o de mujer. Quiero criar una persona que sienta que puede ponerse el color que sea, porque le hace sentir bien o porque le gusta.

Mientras, miraré con cara de “no te entiendo” a todos los que me pongan cara de “no te entiendo”.

 

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