Estoy preparando un álbum para Maite. Mi intención es regalarle una secuencia de 365 fotos, una por cada día de su primer año de vida, acompañada de algunos comentarios.

La idea empezó cuando Maite cumplió 2 meses de vida. Mientras ella dormía le saqué varias fotos “de cumple mes”. Completé la memoria de la cámara de fotos (otra vez) y tuve que sentarme en la computadora a bajar fotos y respaldar todas las que ya tenía.

– Mirá – pensé – Seguro tenemos una foto por día… entre el teléfono, la cámara, mi hermana… – Convencida que estaba exagerando, como siempre.

Pero no. Había solo 2 días sin foto, que seguro estaban en la cámara o teléfono de algún familiar o amigo. Lo primero que pensé fue ¿no nos estaremos yendo al carajo?

Tuve que pensar sobre cómo y cuándo era que yo o alguien sacaba esas fotos. ¿Molestaba? ¿Era de estar todo el tiempo con la cámara o el teléfono en la mano? ¿Me estaba perdiendo de disfrutar algunos momentos por sacar tantas fotos? Cuando mi cabeza dio con la respuesta, pensé otro poco más para confirmar si no era sólo que yo estaba con ganas de engañarme a mí misma. Por las dudas, también lo verifiqué con mi esposo, mi hermana y mi madre.

La opinión general es que no, no está mal. Que hubo un momento en el que yo pasaba con la cámara en la mano pero que eso ya había pasado. Que tener tanta foto de tantas cámaras y teléfonos es, además, una demostración de la cantidad de personas que somos buscando quedarnos con un registro del bombón de hija que tenemos.

Yo recordaba que los primeros días había sacado muchas fotos porque Maite dormía todo el tiempo. Me gustaba pasarlas bien rápido. El primer par de semanas la cara y cabeza mutaron totalmente. Me ayudaba a tomar consciencia de lo intenso y rápido que es todo.

Casi en el cumple 3 meses de Maite, a veces tomando alguna foto pensando en la idea de un registro diario, y a veces recordando éste artículo del Huffington post, decidí darle un objetivo a la tarea. Y se consolidó la idea de un álbum para que ella pueda ver momentos de su primer año.

Y a partir de ese momento si; a elegir una por día de las fotos que ya había, y a procurar que hubiese una por día en los días que quedaban hasta el año.

Además de las fotos en ocasiones especiales, las visitas y cada una de las gracias nuevas, había que sumar las que salían de un juego que hacemos a veces con mis hermanas y mi madre en un grupo de mensajes. En algunos momentos una de nosotras (casi siempre yo, pero por disposición de tiempo y tecnología) manda una foto de lo que sea que tiene adelante con el aviso “right now”. Entonces todas mandamos foto de lo que sea que estemos haciendo; así compartimos un poco de la vida diaria.

Así que no ha sido nada difícil, aunque si está insumiendo bastante tiempo de preparación. Aunque también es cierto que alguna vez le saqué una foto durmiendo a las 11 de la noche porque no tenía otro registro en todo el día.

Ahora, que estoy a un par de meses de terminarlo y tengo una buena idea de cómo va a quedar completo, agradezco haber tenido la paciencia y constancia para llevarlo a cabo. Creo que Maite va a disfrutarlo mucho.

Pero más que nada disfruto tener la excusa para sentarme a verla crecer un cámara lenta por un ratito, detenerme por un momento en qué hemos vivido los últimos 10 meses. Recordar el día de alguna foto.

“Ah… ese día que se durmió en nuestra cama por primera vez, no nos queríamos levantar…” y “Cierto, ese día me dolía horrible amamantar. Pensaba que no se iba a terminar nunca y que yo era una madre horrible porque quería estirar el momento de darle teta”. También “Que bueno, cuando te conoció Fulano” y constantemente “Mirá, la primera vez que…”

Y respirar. Y después de pasar 200 fotos ver a Maite sentada en la alfombra de goma eva, jugando tranquila, charlando con una pandereta y un cubo y sentir que puedo hacer esto toda la vida.

 

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