Unos minutos, nomás

Hay días en que despertarme unos minutos antes, cambia todo.

¿Por qué?

Porque entonces tengo tiempo de quedarme jugando con mi hija, dando vueltas en la cama. Porque la veo y escucho reírse a carcajadas antes del desayuno. Porque tira su cara sobre la mía para darme una especie de beso baboso que destila amor.

Y entonces se me queda prendida a los ojos su cara de alegría. Y todo es mejor.

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