Amigos

Día de semana unos minutos antes de las 5 de la tarde. Maite y yo vamos camino a casa en auto. Nos para la luz roja de un semáforo.

Miro por el espejo retrovisor, Maite duerme.

Miro por la ventanilla. Una mujer más o menos de la misma edad que yo, va con una niña de (digamos) 5 años y un varón de (digamos) 2 años. Cada uno en una mano. La nena queriendo correr pero sin soltarse, mirando con impaciencia a la mamá y al hermanito. De repente chilla “miráaaa mamáaaaa” y se pone a saltar en el lugar. De frente venía un señor con 2 perros, uno grande y uno chiquito. La madre se puso muy nerviosa. Hasta un poco más que la niña. Y le llegó el turno al niño pequeño.

Se venía el cambio de luz porque a los que iban cruzando se le puso la luz amarilla. Puse primera.

Y la madre con los dos niños se tiró a cruzar adelante del auto, al grito de: “ya te dije que no se pueden ver de cerca los perros, los perros son malos y muerden, tenés que hacer caso, no podés confiar en los perros, no te acerques a los perros, pusiste nervioso a tu hermano, los perros se miran de lejos”. Y no escuché más porque ella terminó de cruzar la calle y yo debía avanzar porque ya me iban a tocar bocina.

Mientras ponía segunda y el auto avanzaba, busqué a la señora y los niños en el retrovisor. Estaba agarrando a upa al niño que lloraba, y gesticulaba visiblemente enojada. La niña se había quedado durita como una estatua, parada al lado de la madre, agarrada del bolsillo del pantalón.

Cuando puse tercera y se me fueron de la vista se me coló la primer pregunta: ¿Qué miedos tengo que le transmito a Maite así, clarito como el agua? Pero no me di tiempo para responder porque en seguida me vino a la cabeza el Timbó.

Maite y el Timbó
Maite y el Timbó

Mejor dicho, me vino a la mente el Timbó y Maite jugando sin tapujos. Se me pasaron como diapositivas las imágenes de Maite metiéndole las patas en la boca al perro, Maite metiéndole las manos entre los colmillos, Maite dándole besos a las orejas del perro. Maite tirándole de la cola al perro. Maite intentando levantar las patas del perro y poniendo sus chiches bajo ellas. Maite queriendo agarrar los juguetes del pobre perro.

Y me asaltó la duda ¿será que somos unos padres muy inconscientes?

(A quienes no conocen a esta pareja de padres les comento que esta pregunta no es una pregunta totalmente fuera de lugar, y mucho menos un mero giro retórico. Es una genuina preocupación nuestra y de algunos allegados.)

En este asunto del perro hemos seguido el instinto, el conocimiento de causa por siempre haber tenido de a una o más mascotas y los consejos del bendito domador de perros -ya que al día siguiente de nacida Mai, estando aún en el hospital, mirando la tele para pasar el rato y disfrutar un poco de los analgésicos pasaron un episodio en el que el señor líder de la manada daba recomendaciones a unos padres primerizos.

Desde que tuvimos en casa cosas para Maite, le dimos a conocer al perro. El Timbó olfateó y exploró coches, practicunas, chiches, ropas, mantas y hasta al mismísimo moises. Y no dió ni corte.

Hasta el día que todo fue muy raro porque nos fuimos y no volvimos por 3 días. Práctica que él desconoce. Y cuando volvimos, lo hicimos con paquete. Un paquete animado de 3 kilos y poco que se llevaba toda nuestra atención.

Por supuesto que se la dimos a conocer. Lo primero que hizo fue volverse loco, por supuesto. Ponerse como loco y querer lamer. Pero no pasó. Le fuimos dosificando la emoción hasta que se le fue un poco y pudo olfatear con calma.

Inmediatamente le quedó claro que dejó de ser el cachorro de la familia. Lo que está bien para él porque justo estaba dejando de ser cachorro del todo.

Y desde ahí están construyendo una preciosa relación, que está tan en pañales como la más joven de sus integrantes.Mai y Timbó 2Mai y Timbó

Él mantuvo su lugar, su casucha en el fondito de casa. No es que fuese un perro de esos que duerme abajo del acolchado. Él tiene su techo, mantita y otras propiedades propias de un can. Aunque es cierto que ya no tenemos tanto tiempo para ir a jugar con la pelota a la playa, o salir a correr por la plaza. Sigue habiendo mimos a granel. No puede quejarse de mucho.

Ella juega con él como si fuera el único amigo que tiene. Es que es el único amigo que tiene hasta ahora. Él la cuida, ella le da amor, ambos se divierten juntos, Maite se tienta de la risa con él todo el tiempo ¿no es eso una amistad de las mejores?

A veces, cuando los miro (ella se ríe, él mueve la cola, se arrastra por el piso y lame que te lame) pienso si no estará mal, si no deberíamos marcarles más límites. Si no será que en cualquier momento el perro se enloquece y todos los mala onda del mundo tienen razón.

Pero si justo resuena una de las carcajadas de Maite, se me olvida todo.

Es cierto, aún nos estamos conociendo. Pero yo quiero creer que ya los 4 somos parte de una misma familia/manada y que estaremos seguros entre nosotros.

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7 comentarios sobre “Amigos”

  1. Hace ya tiempo que leí el post y me encantó 🙂 La verdad es que no se porque nos empeñamos en pedirles a los niños que no se acerquen a los perros o no los toquen… por lo general si tienes un perro conflictivo tu mismo avisas a la gente. Yo me he encontrado de todo paseando a Sasha. Por suerte han sido mas niños que se acercaban para ver si la podian tocar y ella encantada of course!! Ayer mismo vi en las noticias que se empiezan a usar perros en terapias con niños y juzgados (divorcios). Si es que son unos peluditos estupendos!! –> este muñeco lo h3 puesto sin querer y no me va la trcla de borrar… sorry!! Jajajajaja 😨

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