Maite llegó al mundo de noche, según el registro médico a las 20:20.

Nació sin pedirlo y sin haber hecho ni media manifestación de querer venir al mundo. Mi cuerpo no daba para más y el médico lo notó. Por suerte para todos, porque para cuando llegué al hospital mis resultados médicos eran muy malos.

Entonces Maite, que estaba comodísima, calentita y tranquila, fue sacada de mi. ¡Y dejada en este mundo cruel!

Mundo que puede ser cruel o hermoso y comprensivo, dependiendo del turno de enfermeras que te toque.

Me explico: se imaginarán que puse en Google “lactancia” mas o menos 400 veces e hice click en todo tipo de publicaciones; desde revistas médicas a páginas de matronas y blogs. Todos tenían cosas distintas y a veces hasta contradictorias. Pero luego de un par de meses me quedó claro que en el siglo XXI esta jodita se hacía “a demanda”.

Pero ¿qué quiere decir a demanda? Es clarísimo: cuando la niña lo demanda. Es decir, cuando ella quiera.

Y uno piensa que las enfermeras de neonatología lo tienen clarísimo. Pero les juro que para ellas, “a demada” quiere decir cada 3 horas. Y yo no entendía nada.

Entonces, estábamos en que Maite nació cerca de 8:30. Yo me encontré con ella en nuestra habitación como 2 horas más tarde, por complicaciones varias. Mientras saludamos a la familia que estaba de visita y sentimos la felicidad un rato, se hicieron las 11.

Para las medianoche ya estábamos todos recibiendo instrucciones de como teníamos que vivir las primeras horas. Esto es: “usted debe amamantar ya mismo, madre”. Pero mi hija dormía como un lirón.

Y ahí se vino mi enojo. La niña con Morfeo y una sonrisa enorme estampada en la cara, que no quería saber de nada de nada. “Pero es un peligro”, me dijeron las enfermeras. “Porque si no come cada 3 horas puede sufrir un shock diabético. Hay que pincharle el talón para asegurarnos que esté bien”. Y estaba perfectamente.

“Pero no es posible que esté bien, usted debe amamantar igual ya mismo, madre”. Y ahí conocí a dos personas indeseables: la que pretende que agarrarte las tetas y enchufarlas dentro de la boca de una niña dormida es normal, y la que ni te pregunta y te incomoda a sabiendas.

Y ahí nosotros tres. Con todas las luces prendidas, ruido y más ruido y gente diciendo lo que hay que hacer, cuando ya eran las 2 de la mañana.

Recalco el “nosotros 3” porque para las personas presentes mi esposo bien pudo haber sido un perchero. No le dirigían ni la palabra y ni una mirada. Como si la llegada al mundo de nuestra hija fuese sola y únicamente problema mío.

A pesar de que todas sus mediciones eran perfectas, igual querían despertar a la niña y ponerla en mis tetas. A como diera lugar.

Nosotros, entre la sorpresa y el desconocimiento, nos dejamos hacer. ¿Y qué hicieron? De todo. Le mojaron la cabeza a la niña, le pincharon los pies y tengo recuerdo que hasta la sacudieron un poco. Cuando lo recuerdo, me dan ganas de sacudirlas a todas, las mala onda y las buena onda que las dejaron hacer también.

Y la niña nada, quería seguir durmiendo. Y le pinchaban de nuevo el talón y “no puede ser que el azúcan en sangre le siga dando bien porque aún no toma pecho y ya van casi 4 horas”.

A las cansadas, vino una con una mamadera de hospital y la dosis recomendada de fórmula. Pero la niña tampoco quería eso. Quería dormir.

Por suerte mi maridete estaba mucho más fresco que yo y se la sacó de las manos a una enfermera que quería forzar la mamadera en nuestra hija. A upa de él, protestando porque quería dormir, tomó muy de a poco casi toda su porción de fórmula.

Y recién ahí nos dejaron ser por unas horas.

Al día siguiente, apenas vino la neonatóloga, hablamos con ella para confirmar qué quería decir “a demanda”. La médica nos dijo lo que sospechábamos desde un principio: “cuando ella quiera”. Y nos dijo que si dormía era porque eso es lo que estaba precisando.

Así que en ese momento, solo con una mirada, mi maridete y yo decidimos que eso sería lo que haríamos. Darle cuando quisiera.

Y le mentimos a cualquiera que vino a decirnos “dale la teta ya mismo porque han pasado tantas horas o minutos”.

Ya fuera del hospital, la experiencia de alimentar a Maite fue mucho mejor. Maite se prendió divino y su curva de crecimiento es la prueba. Porque además ahí si que tuvimos todo el apoyo de la familia y los amigos.

Pero tuvimos que mentir y pelear un poco para poder disfrutarlo. No me gusta ni pelear ni mentir, pero valió la pena.

 

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