Feliz día un día feliz

Parece que soy un horror de persona porque tengo clarísimo que no voy a “festejar” el día del niño con mi Maite.

Lo que le indigna a la gente, en realidad, es que no le vamos a comprar un regalo. Ni dos. Y eso es lo que quieren decir por “no festejar”. Y ahí soy yo la que les pongo cara de pocos amigos.

Entiendo perfectamente que el día del niño es uno más de varias hermosas jornadas que la Cámara de Comercio nos brinda para comprarle algo a ese otro que significa mucho para nosotros. Así es que tanto madres y padres, como abuelos y amigos, todos tienen “su día”.

Y a mi lo que me pasa es que no se me antoja “festejar” como lo dice la Cámara de Comercio.

¿Quiere esto decir que tengo pensado dejar a mi hija excluida del mundo como lo conocemos? ¿Que será la única niña en esta ciudad que no tendrá idea y que no podrá hablar con sus amiguitos del tan sonado día? Claro que no.

Porque yo se que “El día del niño” suena tanto en todos lados que no creo que sea saludable dejarla por fuera del mundo. Pero si pienso festejar como se nos cante.

Espero que me salga hacer un esfuerzo de largo aliento: quiero que los regalos para mi hija en ocasiones como esta sean experiencias.

La idea la levanté de un blog, ya no me acuerdo en cual y me lo lamento porque el post era muy bueno. Pero fue en aquella época en la que no tenía ni blog ni hija. Aunque recuerdo pensar: “esto es algo que quiero hacer algún día”. Es un concepto que me vuelve a la mente todo el tiempo porque la peli “The game” es una de esas que no paran de dar en el cable.

Y se me reavivó porque vi un ejemplo vivo de lo que significa regalar experiencias.

Una compañera, hermosa ella toda, le respondió un pedido a su hija mayor (que tiene 4 años). La familia toda, madre, padre y los dos niños, se fueron de fin de semana largo a un lugar fuera de la ciudad. El plan de fin de semana incluía jugar todo el tiempo, visitar lugares que los niños querían conocer y pasar mucho tiempo compartiendo amor.

O sea, hacer eso mismo que se están imaginando ahora: abandonarse un fin de semana entero para disfrutar a los niños y que los niños disfruten de uno.

Y si señor, es todo ganancia. Porque irse un fin de semana a recibir y dar abrazos es un regalo para todos, no solo para los niños.Y es un recuerdo que difícilmente se borre de las cabezas y corazones.

Importante recordar ahora que la experiencia que regalemos no necesariamente nos tiene que incluir. Todo depende de la edad y gustos del niño o niña en cuestión. La imaginación al poder en eso, por favor. Ya tendré tiempo de juntar una linda cantidad de ideas y se las paso.

Dije que es un esfuerzo de largo aliento porque, a medida que el homenajeado y homenajeada crece, habrá que explicar qué estamos haciendo y darle a este tipo de regalos el lugar que se merecen. Habrá que ser sistemático y original. Y habrá que no dejarse vencer por el agotamiento y la ley del mínimo esfuerzo que indica que pasar por la juguetería de la cuadra y comprar un chiche es mucho más fácil y lleva mucho menos tiempo y energía.

Igual, por ahora, yo me voy a quedar en el molde. Para nosotros va a ser un domingo como tantos otros; tenemos planeada una actividad familiar al sol y con cosas ricas. Jugaremos y nos arrastraremos por el pasto.

Mi hija tiene recién 1 año. Voy a aprovechar que aún ni se enteró de todo esto.

Pero cuando me toque ¿me saldrá?

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2 comentarios sobre “Feliz día un día feliz”

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