Trabajo en un lugar en el que hay muchos niños. MUCHOS.

Así que el día del niño es un verdadero escándalo. Bueno, no propiamente el día. Sino el viernes previo al domingo en el que es el día del niño. La mayoría de los grupos de niños y sus adultos responsables planifican actividades particulares para ese día: representaciones, karaoke, trivias gigantes, ruedas de la fortuna, búsquedas del tesoro, bailes, películas con pop y todo, meriendas compartidas, desfiles de disfraces, juegos.

Y algunos regalos, más simbólicos que otra cosa. A veces son caramelos que se comparten entre todos en algún momento de descanso o una foto del grupo.

Y es todos los años la misma excitación y alegría, uno de los días del año que grandes y chicos caminan por los pasillos con una buena sonrisa. Hay algunos pequeños que se atragantan de risa mientras te cuentan como pasaron la mañana.

Pero cuando uno les pregunta a los niños por EL día del niño, el que cae domingo, el que se celebra en familia, todos los niños te hablan de los regalos.

Aviones a control remoto, dinosaurios con mucho detalle, ciudades de lego, muñecas, superhéroes, mascotas y todo lo que se imaginen. Este año, hasta conversé con unos cuantos que estaban muy entusiasmados por ir con sus padres a comprar sus regalos. Si, en plural.

Espero que el día de ayer haya sido mucho más que eso.

Hoy es el día después. El lunes que sigue a la locura de jugar todo el día con cosas nuevas. No se cuanto podrán durar los juguetes, pero tengo idea de cuanto puede durar un buen recuerdo.

 

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Nota aparte: ¿En serio las feministas del lenguaje aún no pudieron con el tan “machista” título “día del niño”? Porque yo tengo una nena, y no se si esperar otro día o seguir la corriente y meter a mi hija bajo este “niño” con “o”)

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