Este será el primero de muchos post sobre la educación formal de mi hija. Digo que será el primero de muchos porque recién está empezando ese tan hermoso proceso de institucionalización. *ironía*

Como yo trabajo hace algunos años en el mismo rubro, no es raro que tenga una mochila de preconceptos e ideas sobre lugares, perfiles profesionales y formas de gestión. Cosa que no le pasa al hombre de la familia. O sea que las conversaciones entre nosotros no son tan clásicas y las valoraciones vienen de lugares bien diferentes.

Igualmente, hasta ahora hemos estado siempre de acuerdo. Pero no me trago la pastilla porque se que esto recién empieza.

Maite apenas cumplió un año, así que la única cuestión que nos conforma para elegir un lugar es que esté bien cuidada. ¿Qué quiere decir esto? Que le limpien bien la cola, que le tengan paciencia al comer y que pase un buen rato de juego con mucha alegría. Es decir, que pase bien y viva contenta mientras no está con ninguno de nosotros.

No tenemos ninguna exigencia curricular. Incluso creo que tenerla sería pretencioso. La niña tiene un año. No necesito que sepa tocar instrumentos, ni aprenda a escribir y ni conozca de arte moderno. Tampoco quiero elaborados (por las maestras) regalos para los días de la madre y padre. Ni me interesa que sepa tales o cuales canciones.

Una cosa como esta me tiene sin cuidado. Fijate, preciosas las matemáticas, pero te manchan la pared y todo.  No, no. Yo prefiero el estímulo apropiado para la edad, gracias.
Una cosa como esta me tiene sin cuidado. Fijate, preciosas las matemáticas, pero te manchan la pared y todo.
No, no. Yo prefiero el estímulo apropiado para la edad, gracias.

Con el tiempo iremos cambiando exigencias y demandas. Pero por ahora, el amor nos parece suficiente.

Maite está en un grupo que se llama “Deambuladores” y que es una suerte de paso intermedio entre los bebés de cuna y la clase de un año. Son los niños que ya se sostienen solos y tienen la comida complementaria incorporada, pero que aún no caminan.

A mi me viene resultando muy bueno. Por un lado, están todos los niños en la misma. En eso de deambular, empezar a pararse, hacer equilibrio, gatear de un lado al otro. Todos en la misma fase de alimentación, todos en la misma con los dientes y las enfermedades.

Y es un grupo del que los niños egresan cuando mantienen la marcha perfectamente. O sea que, una vez que un niño puede correcaminar, ya comienza en el grupo de 1 año, lejos de las manos apoyadas en el piso de los que aún gatean.

Por eso estoy tranqui. Mi peque hace casi 5 horas de jardín diarias. Pero cuando su papá la deja con las maestras, se queda estirándoles les brazos y buscando ya algún chiche para jugar. Y cuando yo la voy a buscar, la encuentro jugando, o haciendo mimos con alguna de las maestras.

Porque elegimos un jardín que tiene esa maravilla. Tanto para dejarla como para ir a buscarla, hay que llegar a la sala. Nada de quedarte en la entrada y que alguien te la alcance hasta la puerta. Nada de no tener idea qué pasa ahí adentro. Entonces, cuando llegás, terminando de subir la escalera que tiene todas las apropiadas medidas de seguridad, los ves como sea que estén. Yo he ido a horas distintas y los he visto merendar, jugar y sestear. Y no hay nada más tranquilizador que llegar y ver a tu hija bien. Sin que nadie te la prepare.

Tengo que decir que, además, está perfectamente la cantidad de adultos en relación a los niños y que a nosotros nos tocó el trío de maestras más adorable. Yo estoy encantada. Se preocupan, llaman si la niña falta, la miman cuando lo necesita y le hacen los peinados más monos de la ciudad.

Algunas personas con las que hemos conversado dicen que podríamos ser más exigentes. Pero yo no estoy segura. A mi, por ahora, solo me importa que se sienta bien.

Ustedes, ¿con qué criterio eligen un maternal de 0 a 2 años?

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