Iba a poner un título pero me lo olvidé

Desde que tengo memoria tengo la peor de las memorias. Mi capacidad de recordar hechos pasados es limitada en todo sentido.

Si yo fuera niña en este momento, creo que es muy probable que me hubieran encajetado en algún nivel de déficit atencional o que otra cosa. Y no es chiste.

Irónicamente, recuerdo claramente una tarde de alguna media estación cuando yo tenía 10 u 11 años. Volvía de la escuela con mi hermana de 6 o 7 años en ómnibus. Recuerdo llevar una mochila de jean, unos libros en la mano y el saco grueso atado por las mangas en la cintura. Siempre, por un segundo en el día, me sentía “grande” porque le tenía que avisar a mi hermana en qué parada bajarnos. Cuando cruzamos la calle en el semáforo caminamos unos metros hasta el maternal de mi hermana menor y la llevábamos de vuelta a casa con nosotras. Cuando llegamos a nuestra casa, las cosas que estaban en mi mano ya no estaban más. Un libro (¿Quiroga? ¿Da Rosa?) y un cuaderno, que ni siquiera supe por qué estaban en mi mano y no en la mochila en primer lugar.

Nunca me voy a olvidar ni de ese rezongo de mi madre (era el segundo o tercer libro que yo perdía) ni de mi tal sentimiento de impotencia, porque efectivamente no podía dar cuenta de qué yo había hecho con las cosas.

Y eso es muestra. Imaginen la cantidad de veces qué tuve que sacar documentos varios (identidad, boletera…) y la de ropa que dejé por ahí; no se olviden que las adolescentes suelen dormir en las casas de sus amigas, y yo fui muy adolescente por mucho rato.

¡Llaves! ¡Hay las llaves!

¡Y los lentes! Porque uso lentes, claro. Pero como no me resultan cómodos, los dejo más por ahí que cualquier otra cosa en el mundo. Les digo más, en este mismísimo momento no tengo idea en dónde están.

Así que, mucho antes que naciera Maite, ya era un hecho que el día que yo tuviera un retoñito lo iba a dejar olvidado en el supermercado o en casa ajena o en algún lado, cualquiera, seguro.

Maite recién tiene 1 año y 3 meses. Todavía no empezó la parte más difícil, no se va caminando sola. Pero por ahora no ha pasado nada de lo imaginado.

Ustedes dirán: “ah, pero querida, es que por fin hay algo que te importa y por eso no te lo olvidás nunca”. Pero les aseguro que mi hija no es la primera cosa a la que le pongo el alma. Tengo claros en mi mente algunos olvidos que me hicieron crecer porque me partieron el corazón y me hicieron llorar durante semanas, y algún otro olvido cuyo costo para mi fue muy alto. Así que no va por ahí.

Pero si se trata de la niña me acuerdo de casi todo (y lo digo así porque si hay algo de lo que no me estoy acordando, tampoco soy capaz de darme cuenta). Ella va a todos sus chequeos y toma sus complementos o medicamentos siempre en fecha y  hora. Lleva las cosas que necesita al maternal, tiene lo que precisa.

Claro que algún olvido aislado ha habido. Alguna cosa en algún momento en el que ni mi maridete ni yo nos dimos cuenta de algo. Pero nada como lo usual, nada de no sacarle hora para el pediatra o perder el cuadernito de los controles de salud. Y todo así.

No es algo que yo sepa como funciona, no se qué pasa, cómo es.

No pretendo explicaciones, pero ¿algún comentario? Porque yo de lo que quiero poder olvidarme si, es de la idea de que me va a suceder.

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6 comentarios sobre “Iba a poner un título pero me lo olvidé”

  1. ¡Te entiendo perfectamente! Yo también soy un desastre con la memoria. Sacaba muy buenas notas pero cuando una asignatura era sólo memorizar lo pasaba fatal, porque lo mío era razonar ¡y me daba rabia ver a gente realmente tonta pero con memoria infinita sacando notazas! Pero yo apunto a mano en una agendita todas mis citas y en especial de pediatra, vacunas y cositas de la niña. ¡Y no se me olvida! También me hago listas de cosas pendientes por hacer y voy tachando, prueba a ver. Un beso

  2. Mi madre es el despiste personificado, y además duerme como una piedra. Cuando se quedó embarazada temía no despertar cuando el bebé llorara… y mi abuela le decía “neniña, tranquila que te despertarás”. Y es verdad, se despertaba, y nunca me olvidó ni a mí ni a mis hermanos en ninguna parte 😉
    La maternidad te cambia en muchos aspectos… yo nunca pensé que podría sobrevivir sin dormir menos de 8 horas (y no seguidas). Pero lo hago.
    ¡Abrazos!

    1. Quien nos ha visto y quien nos ve
      Cambias cosas, totalmente… A mi también me molestaban por lo del sueño pesado (las pego todas). Y por ahora, tampoco estoy dando talla con la idea previa.
      Mejor para todos que siga así 🙂 A ver si me parezco mas a tu madre y me sale una hija con un buen blog jajaja
      Abrazo

  3. Me encantó el título del que ya no te acuerdas 🙂 yo también soy despistada y la frase de mi madre era “el que no tiene cabeza tiene que tener piernas” porque siempre me tocaba volver a por los olvidos.

    1. Ese es de mis dichos mas escuchados… ¡las veces que tuve que volver a todo tipo de lugares! ufffff Y ni siquiera me ha dado resultado para quedar flaquita flaquita. No hay justicia jajaja 😉
      Gracias por comentar. Abrazo

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