Primeriza.

Nunca he tenido la oportunidad de usar mucho esa palabra. Casi nada. Así que no había tenido oportunidad de agarrarle el odio que le tengo ahora.

¿Odio? Paráaa ¿Qué te hizo la pobre?

Cierto. La palabra nunca me hizo nada. Pero la gente que la usa despectivamente… Odio no, porque tampoco es que voy a andar por la vida odiando gente, no es mi estilo. Pero una buena bronca, seguro.

Y más cuando va acompañado de un “awww si si… primeriza” y una mirada condescendiente.

Porque será que es la primera vez que tengo una hija. Pero no me falta el sentido común y no soy ninguna dormida. No tendré ni un poco de experiencia previa en criar un ser humano desde cero, pero soy la hermana bien mayor de dos criaturas y trabajo con niños, en un lugar donde hay más niños aún.

Todo el conjunto peor me cae cuando quien lo dice es una doctora pediatra de la emergencia de un un hospital que, con este calificativo, me está mandando a mi casa porque cree que estoy exagerando.

No me entiendan mal: creo que es cierto: las primeras veces son especiales. Pero no creo que “especiales” sea necesariamente algo malo. Puede ser que uno se ponga cuidadoso con algo con lo que usualmente es descuidado. O que uno ya sea puntilloso y se convierta en un obsesivo. Puede ser que uno se ponga atento a ciertos cambios o síntomas y consulte sólo un par de veces en un año. O que uno sea un hipocondríaco y termine en la misma rosca con la criatura y tenga 23 entradas a la emergencia en pocos meses.
Lo que quiero decir es: no al estigma. Ser primerizo puede pegar para un lado u otro, dependiendo de cada pareja.

Porque puede ser que, a pesar de ser la primera vez que uno ve a la hija propia de una tal manera, la corazonada esté en lo cierto y le esté pasando algo.

Nada grave ni de lo que una niña sana no pueda reponerse. Pero porque fue atendido prontamente a insistencia de la madre, tan primeriza ella.
Porque resulta que, a diferencia de lo que se podría sospechar por el gesto que acompaña ese tonto, y mirada condescendiente de la doctora, uno puede ser madre primeriza y pegarle.

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Por ejemplo, de estos estigmas con que carga un madre/padre primerizo. nosotros cumplimos solo con el de las fotos. Y ya no tanto.

Yo suelo repudiar y molestarme con los estereotipos, que al final son lo que son porque uno les da el lugar y los reproduce en ideas. Creo que no hay muchos que me molesten al nivel que lo hace el estereotipo de “la madre primeriza”.

Aunque prefiero lo que me toca antes que la idea de esta sociedad en la que vivo del “padre primerizo”. Pero eso lo dejo para otro post porque sí me pongo a hablar del lugar que le cabe al padre en todo me engrano de nuevo y escribí sobre eso hace poco.

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