Las cosas no cambian solas. Cada uno debe hacer alguna movida que salga de la inercia si quiere que las cosas sean distintas.

Si es que la cita es cierta, ya lo dijo alguien que sabía mucho.
Si es que la cita es cierta, ya lo dijo alguien que sabía mucho.

Y este es todo el argumento que tengo cuando me responden: “a mi tampoco me gusta el consumismo de las fiestas porque lo importante son el amor y la familia, pero no podés no comprarle regalos a tu hija para la navidad”. Y frases por el estilo.

Al final, aunque no nos guste, todos aportamos un poquito para que la esa fecha sea muy poco más que un intercambio de regalos. Tanto así que, en estos días poco antes de Nochebuena, de lo único que habla la gente es comprar, comprar y comprar.

Ojo, que yo no tengo un pelo de católica y mi maridete ni les cuento.O sea, en mi casa no se celebra el nacimiento del niño Jesús y todo el combo misa de Gallo y la mar en coche. Nosotros optamos por hacer honor a la historia secular de nuestro país que ha dado en llamar a la Navidad “Día de la Familia”.

Y ¡claro que si! ¡como no podía ser de otra manera! respecto a esto nos hemos cruzado con todo tipo de opiniones.

Por un lado están las excepciones, los que nos dan para adelante, o que mas o menos aplauden el esfuerzo por querer salir de la locura shoppinera. Digamos, aquellas personas que arman arbolito, queman toda la plata que pueden y van a visitar a Papá Noel al shopping pero que lo hacen más que nada por inercia, hábito, o tradición familiar. Y que cuando estás conversando sobre el asunto no te tratan mal por querer hacer algo distinto.

También están aquellas familias que hacen más o menos lo mismo que nosotros (es decir, intentar zafar un poco de la fiebre navideña). Las que no tienen hijos nos hacen acordar a nosotros mismos hace un par de años, nomás. Y las familias con hijos nos dan esperanza (¡que nunca te falte en estas fiestas!). La esperanza de que nos puede llegar a salir bien todo esto aunque no le hagamos el cuento del tío (digo, el cuento del Papá Noel) a nuestra hija.

Porque por supuesto que están los que nos dicen que no nos acomodemos, que solo podemos hacer esto porque Maite no tiene nada más que un año y medio. Que ni bien cumpla 2 o 3 o lo que sea y entienda que todo el mundo se compra cosas va a exigir el mismo trato. Los mismos que dicen que tenemos suerte porque a Maite aún no le comió la cabeza la publicidad de algún canal de cable para niños.

Y claro que están los radicales que dicen que no armar un árbol de Navidad, no hacer el cuento del señor popularizado por la Coca Cola Company y no comprar varios regalos es cruel y le estamos arruinando la infancia a la niña. O que ni bien entienda algo va a estar traumada para siempre.

No duden ni por un segundo que todo esto se nos ha pasado por la cabeza. ¿Haremos bien? ¿Estaremos haciendo mal? Pero esa duda es la que nos asalta cada dos por tres con todo tipo de temas. Creo que es más que normal.

Y la mayoría de las veces que me planteo estas cosas termino más o menos en la misma respuesta: cada uno vive como quiere ¿no? Cada uno construye de a poquito su futuro y el de la sociedad en la que vive.

Y a mi me gustaría vivir en una sociedad en el que hay un día al año que se festeja que uno puede vivir compartiendo las cosas lindas con gente amada. Que se trata de organizarse para terminar un año rodeado de amor y personas a las que nos gusta abrazar.

Así que yo le voy a hacer caso al señor de la Ley de relatividad: no voy a hacer lo mismo de siempre. Quiero un resultado distinto, quiero que mi hija piense en su familia antes que en sus regalos.

Y así nos proponemos festejar. ¡Que pasen un hermoso  25 de diciembre ustedes también!

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