Hace unos días reventó el verano. En mi cara.

Aún no había empezado las vacaciones (ahora si, claro que si, ¿de donde saco tiempo para este post, si no?) pero los dias de casi 15 horas de sol dan para todo. Así que a la salida del jardín/trabajo Maite y yo hemos tenido tiempo para actividades refrescantes. Por ejemplo -y lo pueden usar- los juegos con agua.

Casi siempre sucede que terminamos jugando con agua no se como. No me ha salido como algo tan planificado como decir: “ah, bueno, y ahora nos ponemos el traje de baño y jugamos con agua en el patio de casa”. Solo pasa.

Digamos, llegamos a casa, dejamos las mochilas y bolsas y lo que sea en los lugares correspondientes, dejamos entrar al perro y subimos a cambiarnos de ropa y refrescarnos un poco después de mas de media jornada en el centro. Bajamos y, mientras yo miro el cuaderno de comunicados del jardín y toda la rutina que le sigue, Maite se mete de lleno en alguno de sus juguetes. Con todas las puertas y ventanas abiertas, el perro y Maite entran y salen y entran y salen y me pasan por al lado y hacen living-cocina-patio-cocina-living-cocina-patio-cocina-patio-cocina-patio-patio y ahí se quedan.

Mas o menos en ese momento siempre me doy cuenta que al perro le haría bien renovarle el agua para que se refresque él también. Y ahí es cuando es que pasa.

Maite se mata de la risa y empieza “a… uá… a… uá”. Y como yo no me aguanto le tiro unas gotitas en la cara. Y si ahí sucede algo que nos distraiga, puede ser que demoremos unos minutos más en empezar la joda. Pero por lo general, ha sucedido que ella se ríe mucho, me pide mas gotitas, yo le tiro de nuevo y bueno, imagínense el resto.

Después de un rato, cuando Maite ya se sentó en el piso empapado a probar cuales de sus chiches pequeños flotan, suele suceder que le saco la ropa. Y allá ella, toda desnuda, sigue jugando mas cómoda y fresca.

Como tampoco es una niña de quedarse sentada por más de 2 minutos, a rato está recorriendo la pared pintada como el fondo del mar y solicitando el nombre de cada criatura, o conversándole al Timbó para que entre a la carpa o tirándome alguna de las pelotas para jugar. O tocándose las partes del cuerpo para nombrarlas.

El ombligo no es la última adquisición pero es la palabra que repite con más entusiasmo. Solo que, como no siempre su ropa le permite tocarlo, cuando si lo hace es con pasión, aunque a veces no mete el dedo en el lugar indicado.

Yo le señalo donde es el ombligo, que es lo que ella está buscando. Porque trabajar con niños tantos años y alguna que otra experiencia compartida en las redes sociales me han enseñado que siempre es mejor primero escuchar y mantener la calma, ir de a poco.

Pero se me ha plantado la pregunta y aún no estoy segura de la respuesta: ¿cómo se nombran los genitales con niños de mas o menos 2 años?

Yo tengo un poco mas claro el panorama de 5 a 12 años, que es en la edad que se concentran los manuales mas conocidos para educadores. Con niños tan mayores uno puede identificar cierto nivel de detalle y otro nivel de conversación. Pero Maite simplemente empieza a juntar significantes y significados, le pone nombre a las partes de su cuerpo que va descubriendo o controlando o identificando como parte de su todo.

Manuales, rey google y mi experiencia compartiendo muchas horas del día con niños es lo que tengo. Pero aún no he formado una opinión.

Mientras me decido, hago tiempo aprovechando que recién estamos empezando la temporada de andar sin nada en el patio de casa y que lo que señala como no-ombligo es varias partes cercanas, desde “barriga” a “clítoris”. Así que por ahora repite algunas veces algunas de las palabras. Y siempre dice las que ya sabe, claro.

Me vendría muy bien conocer mas experiencias.

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