Este post es un recordatorio para mi misma.

ATENTA yo, por favor. Tengo que acordarme que vi esto y el efecto que me causó. Es importante para la educación de mi hija.

Estamos en los 17 meses. Maite no suele abrir los muebles o tocar las cosas que tiene a mano. Es decir, convive con libros en bibliotecas, cajones, papeleras y cosas por el estilo sin tocarlas permanentemente. A veces lo hace, pero se banca el “no”, o llora la rabia. Pero aguanta el límite, casi siempre.

Incluso con la escalera. Cuando estamos abajo, son muy pocas las veces que debemos poner el portón. La niña se queda en el piso de abajo. Salvo que haya algo demasiado interesante en el piso superior en el momento (como la cama, cuando tiene ganas de irse a dormir.) Ahí sale el “no” y si no entiende, portón.

Bien. Cómodos todos.

Pues, en la cocina hay un mueble a la altura de Maite que funciona como parte de la alacena. Es grande, y dentro hay desde arroz, pasta seca, y latas de todo tipo hasta variados ingredientes secos de cocina, galletas, merengues y cereales. Éste si hay que cerrarlo seguido.

Los “ngués”, las “titas” y el “elal” la motivan a abrir las puertas del mueble, por lo menos 2 veces por dia. Y si bien muchas veces entiende el “no”, a esta altura preferimos ahorrarnos la cuestión entera poniendo una tranca a la puerta. Ella tantea, está la tranca, capaz que tira una exclamación de enojo y sigue. Bien.

Hace un par de días, estaba preparando la cena de Maite. Ella ya estaba con hambre pero no había querido sentarse en su silla de comer. O sea, arramcó derechito para el mueble.

Le dije que no un par de veces y solo se quejó un poco. Cerró la puerta. Y enojada, mientras me miraba fijo con lo ojos con forma de lunita triste, haciendo fuerza para llorar aunque no le saltaba ni media lágrima, le puso la tranca a la puerta. Bueno, hizo su mejor intento.

¿Recordatorio de qué? De lo lejos que vamos los adultos con el ejemplo. De lo poderosa que es la educación en el hogar. De cuanto vale el tiempo compartido.

Este post es porque no me puedo nunca olvidar de eso. Porque además, vale para todos.

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