Divertida como niña

32 grados a la sombra + cientos de kilómetros de costa + tiempo libre + recientemente incorporado desinterés por lo que otros dirán de lo que parezco en traje de baño + mi Maite adorada con tanta energía = ¡playa!

Voy a a decir la verdad, desde que mi peso es casi el doble del que era hace menos de 10 años, hay actividades que no me copan. Y por actividades quiero decir simplemente existir en un caluroso y húmedo día de verano. Ni les cuento lo que opino de intentar verme cómoda y fresca en una tarde en la que veo salir vapor del pavimento.

Además, el padre de la criatura se estaba doctorando y siempre era mejor estar en algún lugar en el que el hombre pudiera sentarse a escribir.

Así que el año pasado no me costó nada mantenernos lejos de la playa para que la niña no tuviera mucho sol directo ya que no llegaba al año, como recomendó la pediatra. Fueron unas vacaciones diferentes; la playa siempre es un plan cuando uno piensa “vacaciones de verano” y ese fue el primer año que ni vimos la arena entre noviembre y febrero. Las disfruté mucho.

Pero este año no hubo excusas: el maridete tiene entregada la tesis y Maite ya puede untarse en un buen protector solar. Eso y que no podía ser que mi hija aún no hubiese descubierto lo divertido que es jugar con las olas.

Así que durante unos cuantos días la llevamos a varias playas distintas.

Maite, como siempre, como cada vez que entra a algo nuevo. Primero no le copa, mira, espera un poco antes de tirarse a su experiencia; prueba de a poco, va despacito.

Con la arena fue un poco así. Ya la tenía conocida de visitas primaverales a la playa. Así que no costó nada sentarse a jugar y quedarse pasando arena de un lado a otro, haciendo angelito o levantando un puñado y dejando escapar de a poco para medir el viento. En un par de horas ya caminaba por ahí cerquita con una clara intención exploratoria y listo.

Con el agua hay situaciones y momentos. Por ejemplo: lavarse las manos, si; lavarse los dientes, si; bañito, si; duchero, a veces. Jugar con agua en baldes, si; regar las plantas, si; piscina pequeña, depende del día, mejor si es conmigo adentro.

En la situación playa quedamos en que las olas que le revientan en la cara, si, mejor si además es contando hasta 3; sumergir, no, nada, ni hasta las piernas, salvo que sea cuando viene la ola. ¡Como goza cuando viene la ola!

Eso fue lo mejor que tuvo volver a la playa. Resulta que lo que se dice por ahí es verdad: uno vuelve a divertirse como cuando era niño, cuando revive ciertas cosas con sus niños. Me senté en la orilla, rodé por la arena, di vuelta varios baldes y usé la frase “pará que me enjuago la arena de un chapuzón y vuelvo” en reiteración real.

Hoy estamos en casita, preparando lentamente el retorno a las actividades de rutina. Ayer de noche, mientras miraba el cielo tomando el fresco en el balcón del cuarto se me ocurrió varias veces: “si esto es una muestra de lo que me espera vivir con esta niña hermosa, que lindo futuro tengo por delante”.

Y no puedo esperar a pasado mañana, que, si no llueve, vamos a la playa.

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