Mi hija es chiquita.

No, no; no estoy en un viaje de “¡ay que chiquitita linda mi bebé!”. Ella es chiquita según las gráficas de los doctores. Mi hija está en el percentil 15, el más pequeño de las posibilidades saludables según las tablas de crecimiento.

Cualquiera que nos conozca, a mi o a mi maridete, cuestionaría todo lo que aprendimos con Gregor Mendel y depués. Pero resulta que no, porque según todos los registros yo también era pequeñita. Solo que luego crecí (mas para los costados que para arriba, pero crecí).

¿Esto que significa? Que tiene 20 meses y sigue usando alguna ropa que es para bebés de 9 a 12 meses. Incluso hay algunos vestiditos estilo solera que tenía a los 6 meses y que ahora las usa como hermosas musculosas. Como su torso y brazos son finitos, queda lindo y entra bien.

Con el padre de la criatura varias veces nos hemos preguntado si estaríamos haciendo algo mal. Porque esta sociedad es bien perra. Y si bien se espera que a partir de los 12 años las niñas sean como tallarines (para convertirse en mujeres bien flaquitas), en los bebés son deseables los rollos y cachetotes gordotes. Y Maite no tiene nada de eso. Imagínense los comentarios que recibimos de vez en cuando.

Pero nosotros nunca nos preocupamos. Porque la pediatra de Maite se especializa en nutrición infantil y en todos, todos los controles nos ha asegurado que la niña tiene una curva de crecimiento perfecta. En su percentil, la trayectoria de sus valores son perfectamente paralelos a la línea verde que marca el medio, medio, el crecimiento en percentil 50.

Tabla de crecimiento en percentiles, como aparece en el carné de salud de la niña que entrega el Ministerio de Salud Pública.
Tabla de crecimiento en percentiles, como aparece en el carné de salud de la niña que entrega el Ministerio de Salud Pública.

Y ella siempre nos dice lo mismo: “Maite, dentro de su tipo, gana peso y altura como debe. Hay que preocuparse solo si su curva sale de los valores deseados para su percentil”. Y nosotros confiamos ciegos.

Porque además, Maite siempre comió lo más bien desde el propio inicio, salvo por su primera noche, como ya les he contado.

Hasta que nos fuimos de vacaciones al este, a la playa. No sabemos si fue el entorno desconocido, el calor o todo junto. Maite empezó por unos días de no querer comer nada y terminó en que ahora solo quiere almorzar y cenar pasta y nada mas que pasta. Tallarines, ravioli, moñitas, tirabuzones, agnolotis… Con masa de trigo, de albahaca, integral, con relleno de quesos, con pescado con fiambre… no importa qué, mientras sea pasta.

¿Tirabuzones con pesto? ¡Claro que si! Apesto a pesto
¿Tirabuzones con pesto? ¡Claro que si! Apesto a pesto

Y esto en almuerzo y cena. Porque el resto del día te toma jugos de frutas y licuados, come merengues y galletitas. Todo como siempre. Bueno, todo no. Porque el almuerzo y la cena tiene que ser pasta.

Consultamos a la pediatra que nos dijo que era de lo mas normal, que a veces algunos niños tienen caprichos alimenticios y que ya se le iba a pasar. Maite pesada y medida, sigue creciendo como debe. Así que parece que no tenemos de que preocuparnos.

Peeeero… pero no puedo dejar de intentar darle otras cosas todo el tiempo. Y ella me rechaza sin ningún inconveniente y todas las veces. Ya no se bien que hacer. El maridete dice que tengo que dejarla en paz y esperar que se le pase, como dijo la pediatra. Yo tiro para ese lado… peeeero… peeeeero….

¿Alguna vez les pasó? ¿Es verdad que se pasa? ¡Necesito confirmación! De esta ¿se sale?

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