Propósitos

Tal cual.

Un calcetín de lana

Qué buen bañito te vas a dar, Ignacio, el agua está exquisita –le digo al chango. Él se arrima contra la bañera, y lo veo dudoso. Qué raro, si le gusta tanto bañarse; lo típico es que él mismo solicita –exige- la tina apenas termina de comer el desayuno.

A poto pelado y con la polera que no logré sacarle, me deja sentado perplejo y medio mojado de “regular” el agua, y parte por el pasillo con paso firme. Yo no entiendo nada. Está bien que últimamente lo baña su madre, pero… ella también me mira encogida de hombros, sin mediar explicación.

Potín pelé –como dirían los franceses (¿?)- se agacha dificultosamente bajo la silla del comedor, y ahí es cuando madre y padre entienden qué pasa: vino a buscar la gran pelota amarilla que le faltaba en la tina.

El Ignacio no habla aún. Bueno, ha dicho en su…

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