Chup chup chup

La verdad es que me da cosita contarles esto. Me pone nerviosa secar todo y dar 10 pasos para atrás. Porque dejar el chupete no es juego. Digo, con dejar el chupete no se juega.

Mi hija no quiso saber de nada con usar el maldito/bendito accesorio ese los primeros meses. Mi hermana, adorada ella, le regaló un par que eran lindos, delicados, anatómicos y que Maite escupió sistemáticamente las veces que osamos ponérselos en la boca para calmar algún llantito quejoso.

Pero como la chiquilina casi no lloraba, tampoco es que insistimos mucho. Y además, somos partidarios del “mejor si ni usa”. Así que aceptamos su rechazo con una sonrisa y la dejamos ser.

Hasta que un día, ni siquiera recuerdo como, le entusiasmó la idea del chup chup y dale que dale. Y dale que dale y dale que dale. Cuando quise hacer la cuenta la niña había pasado el año y medio y lo del chupete ya era vicio.

Y como en todos los folletos del dentista dice que ¡que horror si tu hijo usa chupete después del año!, que de ninguna manera uno puede asumir un riesgo para su dentadura y que la mar en coche, me tuve que poner a buscar qué hacer para que largara.

Leí de todo. Desde las infames recomendaciones de Babycenter, la GuíaInfantil, pasando por blogs y mas blogs. Y todo me parecía información útil pero que nunca llegué a poner en práctica. Porque ni bien pensamos, el maridete y yo: “bueno, es ahora”, la chiquitina y su sexto sentido se aferraban al chupete como si fuese la última botella del agua del desierto.

Haciendo cuentas ahora, la niña no llegó a tener muchos chupetes… era cuidadosa con ellos. Quienes los perdimos un par de veces fuimos nosotros los padres, por supuesto.

La primera de las veces nos aceptó el reemplazo. Y ni siquiera era el mismo, mismo, mismísimo que  había perdido. Era hasta otra marca y todo.

Y llegó Carnaval. Arrancamos para la casa en la playa sin estar seguros de si el chupete nos acompañaba. A medio camino, a pedido de la gordis que gritaba “pete, peeeeteeee” desde la sillita de atrás, paramos en una farmacia y compramos al mellizo del que habíamos dejado.

No tenemos claro si fue el color o qué, pero no le gustó. No aceptó el cambio. Y ya está con comprar uno, no íbamos a comprar más. Sobre todo porque todo el tiempo pensábamos en qué tiradero de dinero, si total, ya estábamos a punto de animarnos a sacarle el chupete definitivamente.

Así que seguimos viaje sin el (en ese momento seguro que recontra maldito) accesorio.

Y llegamos a la casa en la playa, y vinieron los amigos, y la arena y el agua y pelis afuera hasta tarde y con todo esto y terminar el día agotados, la criatura se durmió sin nada en la boca.

Al día siguiente lo mismo: amigos, playa, asadito, carreras y vueltas carnero, caminata por el bosque y ¡subir esas dunas! Cayó rendida. Y así seguimos el fin de semana.

Vuelta a casa… el padre de la criatura y yo volamos adentro de la casa antes de que la chiquitunga pudiera siquiera poner los pies adentro apartando cualquier cosa que emulara un chupete. Los escondimos todos, todos, los 2 o 3, bien lejos de su alcance.

“Ufffff” pensamos, “mirá si se cruza con uno y se le viene la manía de nuevo”. Pero no. Por que por supuesto que nos olvidamos de esconder uno que pensábamos perdido hacía meses. Maite, como si no le importara nada, le dio una patada que lo dejó del otro lado de la habitación.

No quisimos festejar. Era muy pronto.

A los 2 días Maite y yo fuimos a la casa de la abuela, quien con todo su amor le regaló un chupete di-vi-no. A me casi se me cae el mundo. Yo creo que si lo probaba, sucumbía. Por suerte, no hubo oportunidad de que tuviera o no razón; repitiendo “e’de bebé”, se lo puso al muñequito de Peppa, se lo puso al muñequito de George, se lo dio a mi madre y lo paseó por todos lados. Por suerte nunca se le dio por ponérselo en la boca.

Y de eso han pasado 3 semanas enteras.

Pero me sigue pareciendo pronto para cantar victoria. Hasta me parece una tentativa loca a la suerte contarles esto. ¡Les cuento para que crucen los dedos por nosotros! Gracias.

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5 comentarios sobre “Chup chup chup”

  1. Si ha tenido dos chupetes en su poder y no se los ha llevado a la boca, casi seguro que puedes cantar victoria ya! (Crucemos los dedos por si acaso) jeje yo tengo un nene en la guarde que a punto de cunplir dos añitos, lleva el chupete en la boca las 24 horas del día. Consecuencia: se le esta deformando el paladar, no hago nada intentando que lo deje a ratitos si los papas en casa no colaboran… Sentiros muy afortunados por esa forma tan light que ha tenido vuestra peque de dejar el tete 😉

    1. Mas que afortunados, no podemos creer como se ha dado todo. Estamos felices. Ya estábamos pensando en los llantos eternos que tendríamos que soportar… ¡y al final no!
      Cuando iba al jardín Maite casi no lo usaba alí… era solo con nosotros (material de terapia, jaja).
      Por las dudas igual, sigamos con los dedos cruzados 🙂
      Abrazo

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