El post del día de la madre

Feliz día. Bleh.

Como esta es una celebración comercial, el festejo es en distintos días en diferentes países del mundo. Se ve que yo vivo en uno de los que lo tiene al final, porque ya me he leído las felicitaciones, opiniones y experiencias de los blogueros del hemisferio norte y de varios países del hemisferio sur que no son el mio.

Como no podía ser de otra manera, vengo a amarguear.

No me gusta, no me interesa, no me despierta ningún sentimiento maternal, no me inspira ternura, no me mueve el piso, no me pone la piel de gallina, no me suena a desayuno en la cama, no me toca el corazón el tan bendito día de la madre. Si, ya se, suena a persona re insensible. Pero les juro que no.

Yo soy de las capaces de llorar por una buena publicidad de shampoo, o con cualquier chotada de Disney. Cada vez que me acuerdo de la suerte de los padres de Bambi no logro mantener la sonrisa.

Pero me pasa que no le saco la movida al “día de la madre”.

Porque, digamos, el “día de la mujer” tiene fines loables: poner en la agenda y en los medios las situaciones de inequidad, hacer pública la situación de discriminación que sufren las mujeres, hablar de violencia doméstica y de género. Y de hecho es lo que sucede. Basta mirar los titulares del día de la mujer en cualquier medio, digital o no.

Pero ¿qué se pone en el tapete el día de la madre? La obligación social de gastar un dinerito en hacer un regalo forzado. En los días previos, lo que mas escucho por parte de niños y adultos es: “no tengo idea que le voy a dar a mamá en su día”. Y me cabe responder: “Si es que no sabés, no le des nada. Y cuando sepas algo que quiere o que les gusta, o cuando te cruces con algo que sabés que la va a hacer feliz, compralo y dáselo. Porque ahí si va a recibir un regalo sentido.”

A mi que me disculpen, pero un regalo obligado, no tiene gracia.

Tampoco me parece que tenga gracia tener que hacer cosas que a uno no le gustan, solo porque los demás quieren celebrar. La madre que el domingo, si señores, domingo, debe maquillarse, preparar a los niños y salir a almorzar con todo un familiún cuando preferiría quedarse en pantuflas en el sillón, control remoto en mano… ¡pobre madre! Aunque por ser “el día de” justo los vista alguien mas.

Porque después hay que ver las publicaciones en redes sociales con quejas y ojeras. Y que cómo el día de la madre no tiene un feriado pegadito para descansar de todas las cosas que las madres hicieron (queriendo o no) en su día.

¿Qué hice yo? se preguntarán. Pues nada que fuera muy día de la madre. Es mas, capaz que hasta involuntariamente me quedó todo lo contrario. Porque mi hija se quedó el sábado a la noche a dormir con su tía para que los padres gozáramos una noche de pareja y un domingo de mañana de ¡dormir! y despertar muy tranquilo.

Si.. desalmada total, estarán pensando. El día de la madre al final amanecí sin hija, disfrutando de mi pareja como si aún fuéramos solos nosotros dos. Y estuvo GE NIAL.

Para nosotros el día de la madre (bah… uno de los días de la madre de este año) ya había pasado y aún había otros por venir. Porque yo creo que es mi día como mamá, ese día en que puedo gozar de mi familia y de mi rol en ella; es en esos momentos en los que el abrazo de mi hija dura unos segundos mas que lo habitual, cuando el beso se descansa y hace peso en mi mejilla y cuando con una mirada ya nos ponemos de acuerdo con el padre en qué hacer con un tema u otro.

El ser madre está muy cargado, viene con mucho ¡hay que gozarlo! Sea ese domingo al año o cuando más ganas tengamos y mejor podamos.

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