El inicio en la maternidad es una montaña rusa que va a toda velocidad, a mi gusto.

Hay un montón de sensaciones nuevas, sentimientos fuertes a flor de piel y muchísimo de “la primera vez que”. Más en el sentido ay-mamita-cómo-es-esto-que-nunca-lo-había-visto que en el sentido ideal de tomar un recuerdito.

En realidad es muy razonable, porque en poco tiempo pasa de todo. El mismísimo nacimiento, la primera vez que das teta, y el bajón de la depresión post parto salen juntos la primera semana. Intensa.

A mi, mucho con que se me dio por tener una epifanía antes de llegar a la habitación. Y eso fue todo, gracias. Por el siguiente par de años he pensado clarito solo cuando se trata de Maite.

Recuerdo muchas cosas y recuerdo haberlas vivido muy intensamente. Algunas de ellas todavía me despiertan sentimientos muy fuertes. Pero son 2 años que también se sienten como si hubiesen pasado volando. Tengo que pensar muy detenidamente en algo puntual para poder dar detalles básicos.

En estos 2 años hubo un solo pensamiento que me causó un impacto tan grande que vuelve y vuelve a mi cabeza todo el tiempo: Maite llegó para quedarse y es asunto mio para siempre. Día y noche, sientiéndome bien y mal, estando ocupada o de vacaciones, cuando sienta que puedo. Y cuando no.

PD: Un único pensamiento pesistente aparte del que se ha convertido en un slogan de la vida.

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