The apple doesn’t fall far from the tree

Maite es hija de su padre…y de su madre… y se le nota.

Yo soy de esa gente que prefiere esconderse abajo de una roca antes de enfrentar una conversación informal con gente que conozco poco, de esas personas que dejan de ir a actividades sociales por pura vergüenza. Porque una vez que estoy en el ruedo me juegan los nervios; me río mas fuerte, hablo mas fuerte, digo pavadas sin parar. Me pongo nerviosa, lo se porque me sudan las manos y me palpita el corazón. Y porque digo cosas que no quiero.

La gente que me conoce en mi trabajo diría: “nada que ver”. Si, señoras y señores. Las personas como yo funcionamos muy bien si tenemos un rol claro (que es lo que me pasa en el trabajo). Pero en la vida real, la cantidad de cumpleaños/asados/fiestas que me he perdido no las puedo ni contar. Pregúntenle a mi pobre maridete, que se las ha fumado todas. Nada me pone más incómoda que las personas que conozco “mas o menos”.

Quiero decir, la timidez no es una cosa lineal, simple, sencilla.

Yo soy muy capaz que pararme delante de un grupo de 26 adolescentes y llevar una clase sin inconvenientes, sea o no sea mi materia o mi grupo de estudiantes. Puedo hacerme cargo de un recreo o descanso de 70 niños sin que pase nada grave. Puedo dar una presentación oral o charla sobre lo que sé y no me tiembla el pulso, puedo llevar adelante una reunión de staff y hasta ser simpática en el proceso. Pero me sentás a tomar el té con las maestras y profes fuera del Colegio y soy un cúmulo de desaciertos.

Con todo esto que les cuento: ¿qué soltura quiero exigir a mi hija? ¿Cómo encaro su desarrollo social?

Y no salgan a gritarme que no tengo que preocuparme por eso. Yo quise hacerme la nunca vista y resulta que todo el mundo comenta lo tímida que es Maite. Todo-el-mundo. A un punto tal que el maridete y yo ya casi que habíamos adoptado el mote, diciendo “hola, si, lo que pasa es que se me pega a la pierna y no te va a dar un beso porque es tímida”.

Hasta que (por otros asuntos que les contaré en otro momento) la niña pasó algo de tiempo de recreación con una psicóloga infantil. Esa misma psicóloga, ya lejos del cumpleaños que compartimos, la vio entrar a su oficina y al cabo de una hora de conversación sobre varios temas nos espetó: “esta niña no es muy tímida, no se ni si es algo tímida, pero si veo que tiene comportamientos que son naturales a su edad”.

Plop. Se me cayó la estantería. No me puedo esconder (y ya de paso meterla a ella) en este viaje de “es tímida”.

La conversación con la psicóloga fue hace un par de semanas. Desde entonces que tengo pegándome en la frente desde el lado de adentro de la cabeza, la misma pregunta que ya les hice: ¿cómo encaro el desarrollo emocional/social de esta niña, entonces?

Les juro que pienso y googleo y me bajo manuales en PDF… pero no, como en todas las veces, esto no se resuelve leyendo algo que me da una fórmula. No hay fórmula.

Help.

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3 comentarios sobre “The apple doesn’t fall far from the tree”

  1. Ay!como me identifico contigo. Exactamente que es lo que le pasa a tu hija? Me refiero, como reacciona ante determinadas situaciones para que tu te hagas estas preguntas? Yo he tenido este curso en clase el caso de una niña que no era capaz de socializar con los niños, siempre estaba sola y yo sabía de donde venía el problema, en este caso el problema era de los padres, tuve tutoría con ellos y al cambiar ellos su actitud la niña cambió radical, fue impresionante. Pero depende de cada niño, y sobre todo hay que tener muy en cuenta el carácter de cada niño, cada persona es diferente y hay cosas que no podemos cambiar, simplemente hay que intentar modificar algunos aspectos o circunstancias que llevan a comportarse de un modo u otro independentiemente del carácter y ver si se puede trabajar sobre ello.

    1. Cierto que la niña no hace nada muy raro. Cuando viene alguien que no cocnoce se me pega a la pierna y ni hablar de dar besos. Si son adultos… capaz… le dura menos el agarre a mi pollera. Si es un cumpleaños o reunión de mucha gente le lleva hasta casi una hora de mirar que pasa antes de salir a hacer algo, saludar, hablar, reirse.
      Si el asunto es con niños mas grandes que ella, igual. Si el niño en cuestión tiene de 5 años para arriba, mira un rato antes de mandarse a jugar. Si son muchos niños, le lleva como si fueran adultos.
      Pero si estamos hablando de niños de su edad, es mas probable que esté mas rato observando que haciendo algo. Sobre todo cuando son niños hiperactivos o muy traviesos. Mira y se queda en eso. Y si es de esos niños que se le tiran arriba y te llenan de besos, aunque sea con la mejor intención del mundo, se le ponen los pelos de punta. Pide upa y se queda conmigo o con el padre. Y si se anima a mandarse a jugar, lo hace preferentemente lejos de la posibilidad de que la toquetee un niño que no conoce.
      Yo no quiero cambiarle nada en especial. Solo que no quiero que le pase lo que a mi. Se que no está bueno.
      Aunque por otro lado, mi maridete es casi la reina de la primavera. El señor no tiene ningún inconveniente ni parecido a esto, sino todo lo contrario.
      Y ahora que te digo todo esto, me doy cuenta que en realidad, lo que me molesta, es tener que contestar: “¿Esta niña no me va a dar un beso?”
      Ufff…

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