Que el ser madre no para nunca, no para.

Incluso en esos momentos en los que te pasan cosas que te dejarían llorando tirada en una cama por horas (ja, horas… días). Porque cuando la desgracia golpea a la puerta, no le interesa preguntarte si tenés tiempo para dedicarle.

¿Qué ha pasado? No viene al caso. Alguien amado está pasando muy mal y eso es mas que dato suficiente.

El tema es que no se me había ocurrido hasta ahora que iba a tener que aprender como hacer con la niña hermosa de 2 años que vive en esta casa en una circunstancia como la que nos ha tocado. ¿Cómo se juega a tomar el té cuando uno tiene ganas de llorar? ¿Qué hacer cuando ella sigue teniendo todas sus necesidades de siempre y uno pasaría los días sin comer ni una sola cosa hecha en casa?

No es menor que esta niña este año no vaya a jardín, porque eso quiere decir que está todos los días con nosotros. Si, sus padres, los que estamos pasando por una situación angustiante. Les recuerdo que, en realidad, pasa la mayor parte del día con su papá, que es quien anda con mas que motivos para estar triste.

¿Y qué vengo aprendiendo? Para arrancar voy confirmado cosas que no son nuevas.

Aquello de que los niños son “esponjas”. Si, Maite capta la tristeza y la tensión en el ambiente aunque nos esmeremos con toda la polenta posible para que eso no pase. Está más mimosa que nunca, más demandante que nunca, un poco más bebé de lo habitual. Se le ha dado por colechar de 2 am en adelante; que no es muy propio de ella, que siempre prefirió su cuarto y su cama.

Entonces, ¿qué cosas nuevas he aprendido viviendo esta experiencia?

  • Hay que hacer el mayor esfuerzo posible para que la niña siga con su rutina. Que nosotros cambiemos nuestras horas de todo para conjugarlos con los inconvenientes horarios para los informes médicos de un hospital (¿de 12 a 13:30? ¿En serio?) no puede terminar en que la peque no almuerce porque no te agarra un plato de nada si llegamos a las 2 de la tarde. Y así con todo lo demás.
  • Una que les va a parecer obvia pero no es tan fácil: del tema que nos preocupa se habla solo sin ella presente. No importa que tenga 2 años, no importa que “no entienda nada” de los detalles de lo que hablamos. Expresar con palabras lo que uno siente deja en el aire los sentiemientos. Díganme hippie, piensen que es muy new age. Los niños captan TODO.
  • Es fundamental dar el amor que reclama. Creo que es esto lo que la convence que el asunto no es con ella, que la tristeza o el mal humor por lo injusta que es la vida no hacen mella en lo que sentimos en esta casa los unos por los otros. Abrazos, mimos, colecho, besos… ilimitados.
  • En cualquier minuto sobrante de un día hay que encontrar para hacer algo lindo, compartir un momento de distracción. Cualquier cosa que a la niña le guste, mejor: ir a alguna plaza nueva (en la que no conozcamos a nadie), pasear por un vivero y llevarse una florcita para casa, caminar por la calle hasta el autoservicio de la vuelta contando los ladridos de perro o siguiendo un caminito de hormigas. Y si el día está feo, pintar, dibujar, prender fueguito en la estufa, tirar el colchón en el piso del cuarto y hacer volteretas.

Creo que, de rebote, todo esto mejora como se siente uno mismo. Porque también estoy aprendiendo que hay que pegarse y contagiarse de la alegría y la sorpresa que se dan tan naturalmente a los 2 años. Estoy empezando a creer que dejarme llevar por Maite en el día a día es lo que mejor me hace, lo que más me distrae, lo que creo que cura.

Poque separarlos del mundo y evitar todo sufrimiento es imposile, ¿no? Para ellos y para nuestros amados. Que lindo sería…

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