Política de la casa

Si, la maternidad también es política.

No hay dudas que Maite, con sus 2 años, tiene su libertad y sus posibilidades limitadas por lo que el padre y yo decidamos, permitamos, hagamos, accedamos, elijamos o querramos. Ella no decide ni sobre su corte de pelo aún. No decidió si ponerse o no caravanas, que ropa usó en sus propios cumpleaños, que comidas y bebidas están permitidas, entre qué rango de juguetes elije, qué lugares visita… y ven que la lista es interminable.

Para llegar a esa conclusión me sirvió mucho aceptar la idea de ser quien tiene el poder en una relación. Hay que ser consciente del papel de cada uno. Maite tiene 2 años y monedas. Las opciones las tenemos los adultos. Y la responsabilidad por las decisiones también.

Somos 2 adultos. Dos. Hay que negociar.

Desde el nacimiento de Maite, con el maridete acordamos que somos un bloque unido. Cualquier diferencia de criterio se arregla puertas (del dormitorio grande) adentro; a la niña, las cosas claras.

Queremos que la niña quede afuera de las luchas madre/padre. Que nos amamos y todo, pero al fin y al cabo somos dos individuos que vemos el mundo de distinta manera. Parecida, pero no igual.
El objetivo es que la niña quede afuera de las luchas madre/padre. Que nos amamos y todo, pero al fin y al cabo somos dos individuos que vemos el mundo de distinta manera. Parecida, pero no igual.

La idea con esto es evitarle a la chiquilina la confusión de tener que negociar con nosotros de a uno en las reglas básicas. Y ya de paso, nosotros nos sentimos acompañados y mas seguros de nuestras decisiones. El tener que conversar para marcarle la cancha a la niña nos obliga, además, a pensar en voz alta lo que estamos haciendo y los límites que marcamos. Y en el barrio en el que yo vivo, reflexionar sobre la práctica nunca es malo.

Pero claro, la niña recién tiene un poco más de 2 años. Estos vaivenes recién empiezan.

Aunque la vida cotidiana te pone a prueba en todo momento. ¿Es hora de mirar la tele? ¿Le doy yogur o dejo que le crezca el hambre para la cena? ¿Le alcanzo el chupetín que vio arriba de la mesa o me banco el llanto quejoso que tanto odio? ¿La miro de lejos para ver hasta donde llega o le marco el límite en tal actividad? ¿La dejo ir a la cama sin lavarse los dientes “solo por hoy”? Y todo así.

Porque lo que esta niña aprende es lo que hace y no hace todos los días. Y las diferencias de criterio entre dos personas que nos conocemos y nos amamos hace mas de una docena de años no van a saltar mucho en los grandes temas. Esos los tenemos conversados o ni siquiera fue necesario. O están sobre la mesa desde que soñamos con tener una hija.

Para los que vayan por este camino, les tiro un par de piques que voy aprendiendo hasta ahora:

  • Si en el momento de tomar acción sobre una cuestión, nuestra pareja toma otra opción que no es la que hubiésemos escogido, hay que bancarla. Como mucho, algún sutil comentario de “¿te parece?”, pero nada mas. Comer un chupetín de mas, acostarse media hora antes o después, hacer alguna cosa puntual, no le va a cambiar la vida a la niña. Sin embargo, discutir adelante de ella si la decisión que toma uno está bien o no, no suma nunca. Ya habrá momento para hablar entre adultos.
  • El que toma acción decide. El que hace, tiene el poder. El que está, se la banca. Y cuando estamos los dos, uno puede hacer algo y el otro encaminarlo (después de intercambiar esas miradas que se dicen todo sin necesidad de usar palabras) sin desdecir a quien actuó primero.
  • Todo se negocia y es fundamental elegir las batallas. Nadie las puede ganas todas.
  • Nunca, nunca, nunca, abandonar el diálogo con la pareja. Las decisiones tienen que ser tomadas porque la niña no va a esperar para hacer surgir cualquiera-sea-el-tema de nuevo.

Y hasta por acá vamos. Aún estamos en la parte fácil, no pide mucha cosa, lo peor de ponerle un límite es fumarse algún berrinche. Pero todo esto es nuevo…

Si seguimos así… ustedes dicen que ¿seguimos bien?

(*) La imagen destacada es una ilustración de Liniers

Anuncios

7 comentarios sobre “Política de la casa”

  1. Me parece fundamental y muy valioso todo lo que señalas. En primer lugar, creo que es esencial poner límites a los hijos, ese rayado de cancha. Son personas en formación, en proceso de aprendizaje y, como tales necesitan de referentes que les señalen lo que está bien y lo que está mal. A veces, como padres, pensamos que decirles no a los niños es cortarles las alas. Pero en mi experiencia profesional como psicóloga y, sobretodo en la personal como madre, me he dado cuenta que eso produce el efecto contrario: los niños agradecen mucho más profundamente el que les señales por dónde transitar y de qué manera hacerlo. Eso, por supuesto, tiene que encontrar su justo equilibrio, porque tampoco podemos decirles todo lo que deben hacer y no dejarlos tomar decisiones. Creo que los niños son capaces de tomar decisiones de acuerdo a su edad. Eso es justamente el proceso de adquisición de una autonomía progresiva y para que ese proceso se adquiera hay que darles la oportunidad de decidir, pero todo en su justo equilibrio. Sobre las decisiones con el padre, plenamente de acuerdo. Lo peor que podemos hacer es ponernos a discutir delante de los niños. Eso lo aprendí desde bien chiquitita con mis padres, que jamás se contradecían el uno al otro. Probablemente en su intimidad alguna diferencia tendrían sobre cómo criarnos a mi hermano y a mi, pero delante nuestro eso nunca se vio. Y añadiría que es muy importante que el otro miembro de la pareja siempre te trate con respeto delante de tus hijos y que no permita las faltas de respetos hacia ti. A veces ni siquiera por maldad, pero las parejas se hacen bromas delante de los hijos o se dicen cosas sin mala intención, que los niños interpretan a su modo. Eso puede generar que tus hijos después se sientan con el derecho de tratarte de esa manera. Y es lógico, porque lo ven como algo natural. Muchas gracias por tus reflexiones. Nadie dijo que la tarea era fácil.

    1. No es fácil… pero puede vivirse con alegría 🙂
      No quedó en el post, pero si, creo que lo que estamos haciendo es un buen entrenamiento entre adultos para cuando llegue el momento de negociar límites con ella. Porque no solo uno no puede decirle al otro todo lo que debe hacer, si no, que seguramente un hijo de esta época vendrá con planteos que a nosotros ni se nos ocurren. Como sorprendimos nosotros a nuestros padres…
      Como la cuestión de la autonomía de los peques me parece de las cosas mas difíciles de manejar, es que lo pienso y le doy vueltas. En todo esto que conversamos con el maridete está eso en la mesa siempre. ¡Ya vendré buscando consejo por estos pagos!
      Me quedo con lo importante que es modelar como uno quiere vivir. Los niños solo aprenden de lo que pueden imitar. Me parece fundamental eso que dices, lo que ven, hacen. Como ven que te tratan, te tratan ellos; como ven que tu hablas a los demás, les hablan ellos. ¡La responsabilidad de ser un modelo permanente! Bien difícil.
      Muchas gracias por leer y comentar 🙂

  2. llegarà un dîa no muy lejano en que la negociaciôn serà con ella 🙂
    me ha gustado cômo lo has presentdo, es tan cierto eso de que 30min màs despierta no le van a cambiar pero una disputa sî… aunque no siempre es sencillo, sobre todo cuando, como te digo, es ella quien se pone a negociar por separado con papà o mamà.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s