Aquello de que la primera impresión pega, cuenta para todo. Incluso para el jardín de infantes.

Nuestra primera experiencia como padres en una institución educativa fue mala. No lo suficiente (pensamos en el momento) como para no terminar el año que empezó; la niña pasaba bien. Pero si tan malo como para que estiráramos lo mas posible la vuelta a la educación preescolar. Pero llegó el día.

Nuestra primera experiencia igual tuvo sus buenos momentos. Y recordamos con mucho cariño a las maestras.
Nuestra primera experiencia igual tuvo sus buenos momentos. Y recordamos con mucho cariño a las maestras.

Hace 72 horas (si, recién ahora), cuando en este país faltan un par de meses y algo para la finalización del año lectivo, Maite empezó sus clases en un centro de educación inicial. Y porque ser un cliché es algo que se vive día a día, fue más difícil para mi, que para ella.

Yo, pensando que a esta altura del año los grupos están totalmente formados porque pasó mas de la mitad del año, insistiendo con que la niña es tímida… poniéndole límites a lo que no tiene. Por suerte debía suceder, quisiera yo o no, así lo demanda la conciliación familiar.

Y como no todo son pálidas, el primer día la llevó el padre. Unas fotos y el comentario de mi maridete sobre la entrada fueron todo lo que supe durante 5 (mil, les juro) horas. Además de no poder estar ahí por estar trabajando, me pareció lo mejor para el estado de ánimo de la niña. Su papá la dejó seguro y feliz, convencido y expectante, todo lo que ella necesitaba sentir en ese momento.

A mi me tocó ir a buscarla. Y así salí, corriendo desde la oficina en el centro, repitiendo en mi cabeza: “no nos llamaron así que debe estar bien, o por lo menos sin llorar”. La encontré en su clase, tranquilamente sentada, de espaldas a la puerta, con su osito en la mano, esperando. Y todo fue hermoso. El relato de las maestras de lo que sucedió en el día, la salida, verla contenta y “conversando” todo el camino de vuelta a casa.

Y hoy, vuelta lo mismo. Eso que va metida en uniforme y todo.

Y en esta oportunidad, madre se aprende porque una buena lección dio el padre. Él siempre se sintió confiado por algunos indicadores, que terminaron siendo los motivos para elegir este jardín. Les cuento:

  • Es un lugar pequeño, cálido, que se dedica exclusivamente a niños de 1 a 5 años.
  • A la primera ida, recibieron a la familia. Digo, nos saludaron a todos y el lugar fue mostrado a nosotros, padres y a nuestra hija. No fue una entrevista para vendernos el lugar a los adultos.
  • Hablamos con alguien que nos presentó el proyecto de centro, alguien que sabía muy bien de qué estaba hablando. Una persona cálida que escuchó lo que es importante para nosotros si nuestra hija va a estar ahí adentro varias horas al día.
  • Nos sentimos cómodos. Maite también; a los 5 minutos estaba jugando apartada de nosotros. Después quiso quedarse en el patio (por un tobogán, obvio) y sintió bien perdiéndonos de vista cuando volvimos adentro. ¡Hasta saludó con besos! (Ella ja-más).jardin de infantes- seccion fotos

Y básicamente lo último fue lo que pesó  mas que todo; porque al final, lo que importa es que Maite viva alegre este proceso. A esta edad las pretensiones académicas me resultan absolutamente innecesarias y nada me importa mas que ella esté feliz.

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