Mai tiene un peluchito de Pooh del que no se separa ni dormida. Bueno, justamente, no se separa de él especialmente cuando va a dormirse. Muchos niños tienen bichitos de apego como ella ¿no?

Cuando estaba embarazada, esos días en los que me sentía genial, tenía tiempo libre y pensaba que la maternidad recontra era lo mio, se me dio por buscar información sobre todo tipo de cosas. Una de ellas, los benditos bichitos de apego.

Entre otras cosas, aprendí que es un elemento que hace sentir seguridad y estabilidad, que es la representación de lo conocido y que no es amor a un objeto así como así. Leí que los niños depositan en estos bichitos muchos sentimientos, que los buscan en situaciones desconocidas o que dan miedito porque el contacto con algo suave permite a los niños sentirse protegidos. Me di cuenta que estaba bien si Maite quería tener uno y que también estaba bien si Maite decidía que ella tendría bichitos rotativos. O ninguno.

Así que siguiendo las instrucciones de alguna persona bien avispada y con mas experiencia que la mayoría, seguí las instrucciones que me parecieron acertadas:

  1. elegir un bichito suave y pequeño
  2. si pensamos en que le dure hasta que lo arrastre por todos lados, que no tenga colores blanco o pasteles
  3. TENER MAS DE UNO, porque el día que ese bichito cumpla con su cometido de ser “de apego”, no vas a querer que falte sin aviso

Y por supuesto que eso que leyeron en el mayúsculas es la joda de este post.

La primera vez hice bien los deberes. La tía de la niña le regaló un osito/mantita que era un amor. Un amor de verdad. Casi me lo agarro yo para dormirme con automimos. Busqué otro igual, lo compré y listo.

Ella eligió otra cosa, obvio.

Ella eligió a un peluchito de Winnie the Pooh. Divino, fácil de llevar gracias a su tamaño. Adorado porque vino de unos amigos con los que Maite juega  y que queremos mucho. Hay uno solo.

Así está siempre, no hay lavado,  producto o proceso que le saquen el aspecto reventado. Cuando marcha al lavarropas, como mucho que le mejora el aroma.
Así está siempre, no hay lavado, producto o proceso que le saquen el aspecto reventado. Cuando marcha al lavarropas, como mucho que le mejora el aroma.

Como nos costó identificarlo como objeto de apego, tampoco procuramos conseguir uno igual a tiempo de que se fueran curtiendo juntos (usados por Maite alternadamente). Así que hay es peor: hay uno y no va a haber dos.

De todas maneras entro en pánico recién ahora por la experiencia reciente; perdimos de vista al oso desgraciado este unos minutos antes de dormir y no había por donde buscar. El bicho mágicamente cayó en un lugar imposible y yo pensé que en mi casa nadie iba a volver a dormir nunca jamás. Para cuando apareció el amado objeto Maite estaba con los “zapatos de corazón” en la mano pidiendo para ir a correr al jardín y jugar a la pelota. Esos 50 minutos sin Pooh fueron de los más agotadores de mi vida.

Pero debo decir que (ahora que lo pienso) llevamos año y algo de amor por este objeto inanimado. Y esto es la primera vez que me pasa, así, de perder por mas de 5 minutos al Pooh. Además que, por lo general, Maite va a él sin dudar.

Y espero que esto haya sido una excepción terrible y que no vuelva a pasar. Porque uffffff…. ¿cuándo dicen que se pasa?

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