Los que les cuento son engaños a la vida cotidiana con esta criatura de 2 años y medio. Por regla general, las mínimas imprescindibles y siempre procurando que no se note, porque no queremos que la niña aprenda de este ejemplo (con qué rostro).

El criterio es siempre práctico. No me he embarcado aún (y por ahora ni tengo plan de hacerlo) en fantasías elaboradas corte Papá Noel o Reyes Magos.

Por suerte no es de esas cosas de las que me dije “jamás” antes de ser madre (el desengaño hubiese sido mayúsculo). Es un recurso que he sabido usar muy bien en clase con veintitantos niños de primaria a la vez. Saber algo y no decirlo (o evadir la respuesta para no mentir) es un clásico cuando la cuestión es “si ya están armados los grupos para las cabañas del campamento”.

No quieran hacerse los nunca vistos, todos tenemos de éstas. Para romper el hielo, les comparto mi listita de mentiras piadosas a la niña.

  1. Ella es loca por las cremas. Quiere bloqueador solar, crema contra mosquitos, piracalamina, humectante o lo que venga. De a poco ha identificado los potes que le decimos que sí puede usar y las trae todo el tiempo. Engaño: me pongo un poco de crema en un dedito y por el cuerpo le paso los otros 4 de la misma mano.
  2. “Mirá, no hay”. Eso dice todo ¿no? Porque lo que no se ve no está, y lo que no está no se puede tener. Y así es que tengo una bolsa de chupetines metida entre la harina y el leudante.
  3. “Está para lavar” es básicamente mi intento por no aguantar el berrinche cotidiano porque todos los días quiere ponerse la misma calza de colores con mucho amarillo, la musculosa de mariposa y los zapatos (¡por favor, los zapatos) rosado corazón. No se por qué lo hago porque funciona nunca. Aunque sea verdad, aunque efectivamente la prenda que reclama esté para lavar, berrinche.

    whitelies
    Sin perder el humor, creo que esta no la dije nunca. Pero ha de ser porque la niña aún no pide para ir a lugares.
  4. Una que no me vi venir: “vamos a hacer un mandado”. En realidad, es una triquiñuela para salir en el auto y que quede frita a las 10 cuadras cuando está super cansada y se niega a dormir. Especialmente útil cuando quiero tener palabra sobre el horario de su siesta.
  5. Muchos de los “¡Que bueno!” o “¡Que divertido!” que le digo a mi hija al día, no son de verdad. Tira mucho para abajo el promedio la cantidad que digo estas cosas en el baño, arrancando el largo y mojado proceso de que la niña deje de usar pañal. Es mentira que me parece divertido armar una torre o una casa con los Lego Duplo al lado de la alfombra del baño y no es cierto el entusiasmo que demuestro por leer sentada en el water, lo admito.

Terminando de escribir esta lista, entiendo un poco mejor la imposibilidad de que los padres vivamos con algo de culpa. Se me viene la certeza de cuanto le manejo la vida a este otro ser humano que recién llegó al mundo.

Me da para imaginarme que esto recién empieza. Como el conocido personaje de la foto destacada, tengo una consciencia (que debo agregar, es infinitamente más estricta que el grillo aquel). Igual me pregunto: ¿hasta dónde iré?

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