Maite va al jardín 4 horas al día.

En el jardín de Maite, no se hace la adaptación de a ratos distintos todos los días.

Me parece lo mejor que pueden habernos planteado. Creo que es lo mas acertado que he escuchado en toda esta locura de procesos adaptativos al centro educativo. Porque lo primero que es fundamental entender para que muchos niños se incorporen con éxito a una institución es que todos los niños son distintos ( y ya les conté que Maite es la rara de la plaza) .

Este es nuestro segundo proceso de adaptación, y ambas experiencias han sido opuestas. Les cuento:

Primera experiencia > Maite era muy pequeña, tenía un poquito menos de un año. El centro educativo proponía ir pasando cada vez mas rato en la sala con las maestras. Primero media hora, al día siguiente una hora, al día siguiente hora y media y todo así por una semana entera. Llegando al miércoles de la segunda semana la niña hacía su horario entero. Sufrimos. Nosotros y ella. Entre el estrés de arreglar los horarios, entrar o llegar tarde a los trabajos, y el simple hecho que Maite no supiera cual era la historia cada día. Ella es una niña de rutinas, todos los días algo distinto la pone irritable y de mal humor.

Segunda experiencia > Después de la mala primera experiencia, el segundo año cambiamos de institución y de onda por completo. Además de que la niña empezó a ir cuando ya estábamos pasados de mitad de año, la propuesta del centro educativo es ir todas las horas y de actividad completa de primera. Y si algún niño llora, necesita apoyo o ayuda o no logra enganchar en ninguna de las actividades, se llama a los padres y se hace un proceso particular para ese niño.

Aclaro que no es que no queramos hacerlo por horas porque sea complicado, o porque nos de pereza. A mi lo que me interesa es que ella pase bien y no sufra la institucionalización (y con esos criterios elegimos el centro educativo). Es que ella la lleva mejor si es lo mismo todos los días. Encontrar un lugar que respete esto y que no nos quiera imponer una “adaptación de a gotas” obligatoriamente sosteniendo que es lo mejor del mundo con muy poco fundamento, no tiene precio.

Está claro que el proceso de adaptación existe, la aclimatación es un proceso que todos vivimos ante algo nuevo. Esto es cuestión de conocer, aceptar e interactuar con un grupo de gente, que incluye niños y adultos con el que hay que convivir 4 horas por día todos los días de lunes a viernes. A todos nos llevaría un tiempo.

Por supuesto que ni Maite ni sus compañeros de sala son niños con poderes especiales. Van despacio, primero mirando, participando de a poquito, en el caso de Maite, agarrada con las dos manos al muñequito de apego.

Pero volvía a casa contenta, contando todo con las palabras que encuentra, de la forma que puede. Y al día siguiente se pone el pantalón y la remerita de la escuela super copada, tirando nombres propios que seguro que para ella quieren decir algo. Y eso es lo que quiero, lo que me importa.

Hoy empezamos la tercera experiencia, en el mismo modo que la segunda.

Después les cuento como nos va esta vez. Adivino que mucho mejor que todas las anteriores. Pero no porque ella sea mas grande, sino porque dimos con una propuesta que respeta las formas que a Maite mejor le van.

Después les cuento.

 

 

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