Resulta que Maite es una niña arcoiris.

Parece que, algunas personas, les llaman así a los niños que nacen después de un embarazo anterior que no tiene éxito, a los que nacen después de un aborto no querido.

Según leí, también se les llama así a otros niños, a los que nacen con la capacidad de transformar energía y que se yo. Pero de eso no se nada. De perder embarazos, si.

Pero me sorprendió. Tuve un aborto que no quería después mas de dos años queriendo tener un hijo, sufrimos una pérdida e hicimos luto. Quedé embarazada de nuevo, nació Maite, que en unas semanas cumple 3 años. Ando en la web un montón y, sin embargo, nunca había escuchado esto antes. Creo que es porque no hay mucho que leer sobre parejas que sobreviven abortos no queridos, porque de lo que nos sale mal, no se habla.

Pero lo cierto es que, cuando nos tocó vivirlo, cuando necesité hablar del tema, ponerle palabras a esos sentimientos desgarradores, a ese balde negro que me tapó la cabeza por varios meses (si, varios meses) resulta que una gran cantidad de mujeres con las que comparto mi vida habían pasado por lo mismo. Incluyendo a ambas abuelas de mi hija. Es decir, hay un montón de gente que podría contar como hizo, compartir sus sentimientos, hacer que quienes están pasando por esto ahora no se sientan tan solos.

Nada me ayudó mas que hablar con otras mujeres. Cada una lo vivió como mejor pudo, por lo que cada una cuenta una historia diferente. Me daba la certeza de que la manera en que yo lograra llevar el tema también es válido.

Porque se sufre, y se sufre en serio. En mi caso, que tuve al feto sin latido dentro de mi por lo menos por una semana, el odio a mi propio cuerpo, el sentirme traicionada por mis sentidos y sensaciones. La bronca de haber fallado, al mundo, a mi pareja y a mi misma. El sentimiento de no valer nada por la incapacidad para procrear con éxito, el vacío. El vacío.

El miedo a nunca mas lograr otro embarazo, a ser vista como una hembra que no puede generar vida. La culpa de haber sentido felicidad infinita al ver una ecografía y  pensar en un futuro luminoso. La inseguridad que te da haberte sentido tan seguro y caer desde tan alto. La necesidad de alejarme de todos mis amigos con hijos sin ni siquiera darme cuenta.

Poner a prueba todas las redes que me rodean, compartir y entender que mi compañero de la vida estaba pasando por lo mismo que yo, aunque la gente se preocupara solo por mi. Llorar abrazados hasta que no te queden lágrimas, pero si tristeza, hasta que te ardan los ojos.

La verdad es que mientras escribo esto, también se me caen algunas lágrimas. Es un dolor que no se pasa rápido, ni con el nacimiento de la hermosura que vino después.

Cuesta y cuesta creer que después de perder un embarazo hay vida: la vida propia, la vida de pareja, la vida del mundo.

Recién ahora, que pasaron casi 5 años de mi bebé que no nació, les digo a quienes estén pasando por lo mismo: no están solos, somos miles de parejas, de personas con esta experiencia. Saquen la mierda, hablen, lloren, puteen, enójense con el mundo. Todo vale para asegurar que ustedes siguen adelante.

 

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