El post de hoy no lo escribí yo, pero me siento absolutamente representada por sus palabras.

La autora es Valentina Sachetti, actriz y guionista uruguaya radicada en Méjico, con quien la vida me ha cruzado en circunstancias bien variadas. En forma de carta dedicada a su hija, Vale reflexiona sobre sumar una nena a la familia.

Como el año pasado mi país lideró el índice mundial de muertes por violencia doméstica, se me hace no menor que Maite sea ella y no él.

Que seamos muchas madres pensando como esta madre, sean sus descendientes nenas o varones, me hace pensar que cuando mi hija sea grande todo va a ser distinto. Y tengo una fe infinita en el poder ser de Maite y de todos los niños de su generación.

Disfruten la lectura

 

CARTA PARA JOSEFINA.

Querida hija:

Naciste mujer y honestamente apenas lo supe me sentí muy honrada de ser tu madre. Fue muy intenso, es muy intenso. Yo como tú soy mujer y te puedo decir que como todo en la vida tiene tiene ventajas y desventajas. Pero tranquila, nada contra lo que no puedas luchar.

Qué tu seas mujer es un enorme desafío porque no puedo evitar este impulso profundo de querer evitarte ciertos dolores míos. Tú debes ser tú y sólo debes mirarme cuando quieras mi abrazo que siempre estará abierto de par en par para ti, cuando quieras mi oreja que puede escuchar sin descanso, cuando quieras mis palabras que podrán ser brutas o quizás alguna vez sin querer dolorosas de oír pero siempre bien intencionadas, cuando quieras mis ojos para verte así como te veo desde la primera vez, perfecta con cada virtud y defecto, así igualito que como tú aún me ves a mí.

Querida hija, he decidido desde hace rato, pero ahora que te conozco más aún, ser la mejor versión posible de mí misma. Porque la verdad la vida a veces se pone dura y eso no lo voy a poder cambiar para ti, pero voy a poder darte esperanza, la que vive en la fuerza y en la lucha. La esperanza de que uno es bueno y quiere y puede siempre aspirar a ser mejor, que ninguna opinión de afuera te define, que la vida se vive en libertad y siempre vale la pena.

Quiero, querida hija, que abras tus alas y que cada vez que te estampes contra el piso entiendas que el dolor es parte de la vida. Que cuando vueles alto no pierdas la perspectiva. Que no necesites lo predecible porque eso es una mentira inmensa. Que no dejes que nadie te minimice porque el poder de la vida que quieras vivir lo tienes tú.

Querida hija, ya me conoces, me ves dejarte en la guardería para ponerme a trabajar en mis sueños y realidad, que nunca abandono. Porque no puedo enseñarte a soñar pero puedes verme hacerlo y quizás lo intentes. Sé que hay mucho de mí que vas a aprender sin que te lo enseñe. Ese en mi desafío, mi hoy y mi mañana. Ser la mejor versión de mí para que tú solita busques la mejor versión de ti misma. Por tu parte, tú me enseñas a cada instante, cada frase, palabra, logro, gracia, cada acción que te aleja más de aquel pedazo de cordón umbilical que una vez nos unió y te convierte en la niña feliz que corre y saluda a quien se encuentra. Y yo alucino viéndote crecer.

Querida hija, ser mujer es complicado y tengo que darte recursos. Necesitas siempre poner la honestidad por delante. Amar profundamente, con el corazón dispuesto a que se rompa – sino el amor no vale la pena. Pensar siempre bien y ser precavida a tiempo. Ser verdadera siempre vale la pena, una está en una búsqueda constante. Tus herramientas son la verdad, la honestidad, la lealtad, la compasión, la empatía, la belleza, la risa, el perdón, la inteligencia. Todas ellas están en ti y en cada cosa simple de la vida. Hija, tengo que decirte que en este mundo hay muchas mujeres que no saben que tienen esos recursos y otras que no tienen siquiera posibilidad de acceder a ellos. Algunas mujeres destruyen a otras mujeres. Algunas mujeres prefieren no pensar. Algunas mujeres destruyen hombres. Lamentablemente otras pasan la vida siendo víctimas de si mismas y su entorno y otras aprendieron a victimizarse para obtener ventajas. Cuando veas una mujer así tienes que saber que ese no es tu reflejo. Darle lo que puedas, mostrarle alternativas y seguir en tu camino.

Querida hija, tus varias tías por el mundo y yo, estamos construyéndonos, viviendo, acertando y equivocándonos. Mujeres libres, amantes y amadas, locas de remate pero verdaderas, asumiendo cada metida de pata con la entereza más grande. Cada decisión como parte de nuestra libertad. Mujeres que elegimos compañeros de vida o de cama y que reconocemos en otro ser esa belleza absoluta del encuentro.

Querida hija, cuando me hicieron la ecografía estructural me dijeron que tu cuerpo estaba perfecto y al final me preguntaron si quería saber si eras niña o niño. Tu papá y yo queríamos saber y nos mostraron tu rayita. Ahí aprendí algo que parece obvio pero no lo es tanto, nos hace mujer la presencia de la raya y no la falta de pito como a veces nos hacen creer. Me emocionó saber que de mí nacería una nueva mujer.

Espero cada día ser una buena madre, intento cada día ser la madre que necesitas. Te amo cada día de manera indescriptible y agradezco a la vida ser tu madre.

Valentina, tu mamá.

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