Confieso: algunas veces, la que quiero colechar soy yo.

Obvio que otras veces es el padre y la mayoría de las veces es la niña. La enorme mayoría de las vece es la niña. Y algunas veces no sabemos lo que queremos porque estamos tan cansados que no importa en qué cama, la dormida es en nivel “pérdida de conocimiento”.

Estos días he visto mucho de placas con frases que dicen “si colechás decile chau al sexo” y cosas por el estilo. Eso es una pavada. Si lo querés hacer siempre hay un cuando y donde.

Y lo digo porque día por medio me cruzo con posts sobre el colecho que hablan de las necesidades del niño y lo que quiere el niño. Que está bien, porque después de todo uno colecha porque el niño quiere. En todo el primer año y pico en que la bebé de esta casa quería solo dormir en su cama no se me ocurría proponerle el colecho, salvo en algunas oportunidades (si ella aceptaba). Las veces que yo quería. Las madres también tenemos necesidades.

Pero este mundo te hace sentir culpable. Tanto como insinuar que hay veces que la acuesto en la cama grande sin siquiera probar su cama, solo porque tengo ganas de dormir con ella, y siempre está quien te dice: “¿Por quéeeeeeee?”

Porque ella me abraza cuando duermo, me hace mimos antes de quedarse dormida y demanda otros tantos para ella. A veces se duerme con su cara pegada a mi, y me deja sentir su respiración tan tranquila. Claro que a las dos horas ya se movió hasta quedar destapada y de cabeza, y me comí una patada en el proceso. Pero no importa porque el ritual previo me puede.

Madres amigas, mantengamos la culpa al mínimo. Querer amor nunca está mal. Así que yo lo digo en voz alta y me la banco: a veces soy yo la que quiere colecho.

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