Nos preparamos para salir. Maite tiene que cambiarse de ropa. Sacamos pantalón, medias, camiseta, buzo y zapatos. En el proceso de vestirla, que suele ser un momento divertido o monótono, casi nunca problemático, ella dice señalando el buzo: “este no quiero”. Se baja de la cama, abre el ropero y me trae un buzo violeta. Y no se detiene en eso. Me trae unos otros zapatos. Como acto reflejo me sale un: “pero te vas a poner este buzo que es preciosos y queda genial con ese pantalón”. Ella ya decidió y, tranquila, me responde: “no quiero”

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Una tarde cualquiera un día de semana, juntando chiches en el cuarto de Maite. Uno de esos días en los que parece que reventó una bomba, porque encontrás las cosas más insólitas en los lugares menos pensados. Y ahí estamos, cada tipo de bloque en su contenedor, títeres, peluches, muñecas, disfraces, trenes, autitos, encastres, lápices, libros… y recién empiezo a nombrar lo que veo por arriba. Cada cosa a su sitio. Hasta que yo pongo los puzles en el segundo cajón y los instrumentos en el primero. Me doy vuelta, busco otros instrumentos, y cuando voy a guardar encuentro todo al revés. Vuelvo a guardar los puzles en el segundo cajón y los instrumentos en el primero. Inmediatamente veo la veo a ella que saca todo y vuelve a guardar, los puzles en el primer cajón y los instrumentos en el segundo. Me detengo y pienso. Recuerdo que muchas veces me pasa que yo guardo en el orden que digo y encuentro esos cajones en el orden que ella prefiere y me pregunto ¿por qué insisto?

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Escuchando música en el cuarto de Maite. Se termina el programa de radio que estábamos escuchando y decido poner un CD. Elijo uno que la niña ama y apreto play. Ella me mira en seguida y me pide una canción en especial. Intento explicarle que ya va a venir, es la número 4, faltan 3 canciones y llega la que ella quiere. Me responde: “quiero ‘me gusta estar con vos’, mamá”.

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Nochecita con frío, ella usa youtube y yo pinto. Estamos copadas, conversando, ella me va cantando o contando lo que ve y de a poco voy entendiendo qué es lo que le divierte tanto de los videos que mira siempre. Ella se maneja sola como si supiera desde siempre, y yo la dejo. Llega a una lista de videos que tienen una nena que se parece un montón a ella, y que está con un hombre que le va enseñando inglés a medida que hacen algunos juegos que uno puede repetir en casa. Sin pensarlo ni por un segundo, le espeto un: “ah, Maite, cambiá eso, es horrible”. Ella, que cuando quiere es la mas dócil, hace dos movimietos de dedo y estamos en Masha y el oso. Me quedo durita, con la mente reventada con una idea: ese video que sacó no tiene nada de malo. Es a mi que me resulta aburrido, monótono, poco interesante. A mi. Ella se entretiene y habla inglés. Mandé sólo porque puedo.

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Y creo que puedo tirar varios más de éstos. No un montón, porque seguramente no me doy cuenta ni de un tercio de las veces en las que la niña de la casa hace lo que yo digo, porque yo lo digo; y yo lo digo porque en el momento me parece y chau.

Esto es el poder. Tomemos nota .

Tengo el objetivo de ejercer con precaución, sabiendo que todo es más difícil a medida que la niña crece. Aunque, se que estamos en este viaje hace rato.  

te lo ordeno

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