¡Cuidado! En construcción

En mi pasada por la universidad hay momentos memorables. Les voy a contar de la impresión que me causó un libro que había que leer para las clases de teoría y del click que me hizo en la cabecita veinteañera; que se llama “La construcción social de la realidad“.

Sentí que me cerraba mucho mas el mundo cuando entendí lo más básico que estos autores plantean: la realidad es una construcción social. La realidad, si, toda ella. Incluyendo a la categoría “mujer”.

Con mis jóvenes 20 pinos esto se me hizo revelador. Resulta que cualquier idea de como yo debía comportarme, las cosas que podía hacer y decir, lo que se esperaba de mi como persona debido al sexo con el que nací y que acepté, no eran ninguna verdad absoluta, no era algo fuera de discusión. Depende de como valora la categoría la sociedad en la que vivo. Y esa sociedad me incluye. O sea, yo soy parte de la sociedad que define socialmente lo que se espera de mi.

Diez años mas tarde ya había leído críticas a ese libro y otras cosas. Y me había pasado la vida. constructo

El caso es que, después de repetir automáticamente
durante años que a mi mucho no me interesaba el prospecto de tener hijos, se me dio por cambiar de opinión y preguntarme por qué una negación tan enfática. La respuesta me vino fácil: nunca sentí “un llamado de la naturaleza” un “instinto maternal” del  que me hablaban algunas amigas y que está hasta en los reclames. No crecí diciendo “quiero ser mamá”.

Capaz que es porque mi madre es una mujer profesional que trabajó mucho, de quien saqué que cada uno ejerce sus roles como mejor puede porque hay que aprender a desarrollar cada papel que nos toca. Capaz que además de ella, tuve otros modelos de mujeres con opciones variadas y no siempre con hijos.

Por el motivo que sea, miedo. Porque las mujeres eran buenas madres por su “instinto maternal”,  porque se imaginaban siendo madres desde chicas. Y yo no. Así que puse el piloto automático en “total, que me importa”.

Pero , Berger y Luckmann volvían del más allá para recordarme que aquella idea que implantaron no estaba mal. Yo tengo el poder de decir cómo es ser madre en mi tiempo y mi circunstancia. Yo puedo ser madre aunque mi idea no tenga modelos muy tradicionales. Porque los roles se construyen, y a ser madre, se aprende.

Así que, comodidad y confianza. Se los cuento a ustedes para repetírmelo a mi misma.

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