En este momento se está dando en varios países un lindo debate sobre la cantidad de tarea que se le manda a los alumnos a las casas. Gran movida hay en España, hasta con juntada de firmas en Change.org, página web sobre el tema y un paro de tareas domiciliarias el próximo mes. Esta última idea es homóloga de una que hicieron los franceses hace ya 4 años y que tuvo buenos resultados porque ahí, en realidad, está prohibido. Esta discusión se da en Canadá,  Chile, y algunos otros.

En mi país, Uruguay, el tema no motivó más que un par de artículos en prensa y algún grupo de Facebook de padres. Pero no mucho más.

Es que el tema no es tan sencillo. Están los que dicen que son fundamentales para que el conocimiento se asiente, que inculcan responsabilidades y bueno hábitos. Están los que dicen que es un abuso por parte de las escuelas pretender que los niños lleven trabajo a casa luego de una jornada en el centro educativo. Y están los matices. Como siempre, los matices.

Como docente, he visto situaciones de todo tipo y he tenido que suscribir a algunas políticas institucionales de mi gusto y de mi no gusto. Y hace muchos años que pienso sobre el tema.

Creo que hay muchos factores que deben tomarse en cuenta; no es lo mismo si el niño está en el centro educativo media jornada o doble horario, y no todos los deberes escolares son iguales. Principalmente, esto último.

Les cuento una experiencia preciosa. Mi hija tiene 3 años y va a un centro de educación preescolar 4 horas por día. Y si, trae trabajo a casa.

Pensado así, a vuelo de pájaro, suena a locura. Pero acá es donde les repito que “no todas las tareas son iguales”. En este caso es un cuaderno que viene una vez por semana (viernes) y que uno debe devolver al jardín el miércoles o antes. O sea, uno tiene 4 días para ver qué cosa hay. Y además, importante: no pasa nada si no las hacés todas.

Creo que el objetivo que está implícito es comunicar en la casa de qué están hablando en la el centro educativo y servir de puntapié inicial para que los padres podamos hablar con nuestros hijos de cosas que ellos tratan todos los días, cosas que les dan curiosidad o les interesan. Y eso te da pie para hablar de otras cosas y que los niños te cuenten, a su manera, vivencias, gustos y disgustos de la semana, o de alguna jornada.

Esto implica que el centro manda a casa tareas que son fáciles, realizables con los niños y temáticas. Cuando digo temáticas, me refiero a parte del programa temático con un buen marco pedagógico que lleva adelante todo el equipo docente cada año, y que varía cada año. Por ejemplo, el año pasado estuvo dedicado al espacio, los planetas, las estrellas, el mundo. Este año se metieron en el planeta Tierra, hemos recorrido algunos tipos de vida animal y ahora estamos explorando los vegetales.

Y lo lindo son las tareas. Son cortitas e involucran a la niña. Baratas y fáciles: “recorto y pego”, “dibujo”, “pinto”, “relleno”. Y referido a lo que se haya hecho en la semana. Por ejemplo, “recorto y pego flores”.

¿Qué es lo lindo de eso? Hacer una actividad guiada con Maite. Mientras pintamos, recortamos o hacemos lo que sea, da pie a la charla. Me cuenta quién se sentó en con ella en la mesa el día que cantaron tal canción, cuál es su color de flor favorita y a quién se le manchó la túnica de pintura mientras pintaban flores en la clase; repite cosas que adivino dicen las maestras mientras trabajan, la veo sentirse feliz por lograr algo que requiere motricidad fina.

Claro, ese es el chiste, el requisito para padres. Hay que dedicarle unos minutos a esto con los niños. Debemos sentarnos, prepararnos, trabajar juntos, concentrarnos en lo que les interesa a ellos, prestar atención a lo que traen de afuera, lo que no se aprende en casa.

Y creo que este es el tipo de tarea domiciliaria que vale. El que acerca a la escuela y familia, el que ayuda a que el niño sienta que todos somos parte de la misma comunidad. El que no saca el tiempo de estar en familia, sino que da una excusa para realizar una actividad juntos.

Está claro que a medida que el niño crece, la actividad es más compleja. Pero el objetivo debería mantenerse. Y las escuelas deberían plantearse objetivos que son asequibles dentro de sus horarios, cualquiera estos sean; adaptar la currícula y exigencia al tiempo que los docentes tienen para trabajar con los niños y niñas.

Porque el tiempo en familia no se cambia, es todo.

 

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