Estos días, las publicidades de centros educativos invaden como si el año escolar empezara mañana. No importa si en la radio, la tele o la calle, quienes tenemos hijos no podemos evitar pensar en el tema, porque si, nos están hablando a nosotros.

Para muchos, dejar el asunto resuelto antes de empezar las vacaciones es sinónimo de descansar en paz. Como persona que trabajó en varias instituciones privadas, tengo claro que ahora es cuando se mueven las inscripciones; ahora y febrero. Ahora que este embarazo en reposo me tiene en casa, aprovecho este espacio para dar algunos consejos que repito todos los años.

Primero que nada, aclaro que soy muy hincha del sistema público. Es cierto que tiene algunas restricciones. Por ejemplo, dada la edad de Maite, que los dos padres trabajamos y nuestro lugar de residencia, directamente no tenemos opciones de educación pública. Tengo claro que eso está cambiando bien y rápido, así que espero que la historia sea distinta para bebé número dos.

Pero las ventajas de que los niños vayan a un centro público  (a mi gusto) sacan del ruedo de todas las otras opciones. En primer lugar, no hay un único programa. Para eso les dejo el link a la administración nacional de educación pública (http://www.anep.edu.uy/anep/). Existen, incluso, distintas cargas horarias. Informarse bien es fundamental. Y nada se compara como compartir el centro educativo con las personas del barrio, tener a los compañeros de clase de vecinos, cruzarte con los padres en el súper y poder intercambiar (cuando uno quiera, si quiere, claro).

Pero es cierto que, a pesar de haber opciones, a veces no nos acomodan. O ,simplemente, están quienes -por el motivo que sea prefiere el sistema privado.

Y creo que acá es donde hay que ser muy cuidadosos en la elección. Porque el universo es tan variado como es posible. Un horario, doble horario, bilingüe, religioso, laico, centrado en deportes, de alta exigencia académica, y puedo seguir hasta el infinito. Porque no va sólo  por ahí. También hay estilos institucionales: más rígidos, más laxos, basados en tal o cual filosofía o pedagogía. En serio que la variedad es sorprendente. Por suerte.

Porque no todos los niños ,ni las familias son iguales. Y los nombro por separado porque incluso, en una misma familia, los hijos son distintos; en gustos, temperamento, y necesidades.  Y es en función de eso que les digo y repito y les pido que lo recuerden al elegir un centro: lo primero y más importante es pensar en la persona menor de edad que va a estar ahí tantas horas como dispongamos. Pensemos en nuestros hijos y respetemos lo que sabemos y conocemos de ellos. Tomemos en cuenta esos gustos, temperamento y necesidades.

O sea, si la criatura en cuestión es tan inquieta que ni mira la tele sentado, le gusta saltar, correr y moverse, no pretendamos un doble horario en el que le piden que esté sentado quieto en el banco durante 6 de las 8 horas. Es injusto. Y les pongo el ejemplo que más conozco y el más brutal, porque se que los niños terminan por no disfrutar un proceso que puede ser hermoso. Porque los docentes ya sabemos que el niño aprende si se siente cómodo, comprendido y motivado. Y para eso siempre necesitamos  de los apoyos familiares.

Dicho eso, también les comento que las instituciones privadas, si su economía se los permite, gastan chorradas de plata en publicidad. Y la publicidad no es sólo la pauta en la tele, radio, calle, diario o revista. También lo son las redes sociales, por ejemplo. No elijan una institución porque la propaganda está buena, porque muestran fotos en Facebook o porque cuelgan citas preciosas en Instagram.

Recordemos pensar en los que van a estar ahí todos los días, que no gane el que tiene la oficina de dirección mejor decorada, o el que te hace más fácil comprar el uniforme porque lo venden in situ.

Muchas de las personas que me conocen y que saben cómo trabajo como docente, me han preguntado por qué Colegio recomiendo para sus hijos. Siempre respondo lo mismo: en todos lados se cuecen habas, siempre va a haber tal cosa o tal otra que no nos cope, en todos los lugares que conozco hay niños muy felices.

Es personal. Depende del niño y su familia, que calcen y se sientan cómodos y comprendidos, incluidos y mejor educados en una institución u otra. Si, tipo puzzle.

Por si se preguntan, nosotros ya vivimos este proceso con la mayor, a sus nada más que 2 años. Les cuento: https://madreseaprende.wordpress.com/2015/10/21/los-que-llegan-tarde-a-la-escuela/

 

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