Fin de semana con las mujeres de mi familia. Visita a la playa, donde había cosas para ver. Ahí nos sentamos, en el pasto antes de la bajada, con una panorámica de la arena y el mar, a disfrutar un poco del calorcito. Pimba, foto. Una foto preciosa, en colores y composición.

La tuve que mirar dos veces para darme cuenta que yo soy yo. A este estado de alienación con el cuerpo propio he llegado. No me reconozco. Me miré y quedé sorprendida de mi propio cuerpo, la posición extraña, la expresión que no me había visto. Pero en esa foto soy yo. Clarita como el agua.

No es que antes de e esa foto no tuviera idea de como ha cambiado mi cuerpo en el último tiempo. Algo si. Me doy cuenta por la ropa, por alguna mirada muy fugaz en el espejo, por mi capacidad para evitar mirarme al espejo.

No hablo de embarazo A las 18-19 semanas de mi embarazo con Maite esto no pasaba. Había cosas puntuales que eran nuevas por los cambios en mi cuerpo, en las tetas, la panza. Pero no es lo mismo de lo que hablo ahora.

Tengo un sobrepeso que se me fue de las manos, que me hace sentirme un alien en mi propio cuerpo. Hasta esta foto, cuando se me me pasaba la idea de “¿en qué carajos me estoy transformando?” por la cabeza, siempre se me venía a la cabeza el maldito reposo.

Las que pasaron por esto saben que más de un mes de reposo, ese en el que vas de la cama al sillón, a la cama, al sillón , a la cama, al sillón y todo así, con una angustia de novela, con todo ese tiempo libre preguntándote si estará todo bien, si será porque hiciste esto o aquello, pintando todo tipo de escenarios mentales, comiendo para matar el tiempo, o la angustia o las dos cosas, puede ser fatal. Yo estuve 6 semanas con el culo apoyado, las preguntas a tope y el buche lleno.

Después de esa locura, cuando me pude empezar a mover un poco más otra vez, vino la culpa (¡la musa de las madres!), que a mi no me cuesta nada. Y que también se puede sobrellevar mascando todo lo que aparece, haciendo los almuerzos y cenas menos saludables que conozco.

Y todo esto me lleva a este nivel de sobrepeso y trajo de yapa la vuelta de la hipertensión gestacional. Y ni les cuento la culpa, esa no puedo decir que volvió porque nunca se fue. Pero a pesar de todo eso igual podía hacerme la boluda, la que no sabía nada. Porque muchos otros aspectos de mi vida siguieron normalmente. La gente no me mira con la cara de asco que me pongo ahora yo, mi vida sexual está mejor que hace 10 años (vieron que las hormonas también colaboran en eso) y no me siento impedida físicamente.

Pero ahora me doy cuenta que soy un ser extraño para mi misma. No me reconozco ni en las fotos sacadas hace menos de 24 horas. Lo que también es una sensación desconocida. Colabora con todo esto de querer encerrarme a llorar en una nube allá lejos, donde no me tengo que vestir, ni estar adelante de gente, ni pasar por adelante de un vidrio que mas o menos refleje mi figura.

Quiero acostarme a dormir y levantarme cuando termine el embarazo, que es cuando las pocas personas a las que les mencioné esto me dicen que voy a poder hacer algo. Y con eso y todo, el miedo que me da lo  que voy a pensar de mi misma cuando se termine este embarazo.

Díganme que es todo un viaje y que son las hormonas, ¿si?

 

PD: Yo empecé este embarazo ya con un problema de sobrepeso. A sabiendas, porque es uno de los efectos no deseados de la depresión. Por más que nos cueste un montón hablar de salud mental. Por más funcionales que seamos quienes vivimos con ese asunto.

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