La rara de la plaza

¿Vieron que hay pila de blogs que han hecho tipografías sobre las madres que uno se encuentra en la plaza? Hay algunas muy buenas, con geniales ilustraciones y mucho humor. Y hay otras que se hacen las serias, queriendo oficiar de guía para madres primerizas y despistadas.

En cualquiera de ellas, soy esa madre que la gente mira raro en la plaza. Nahhh. Soy la madre a la que la gente mira porque llevo a la niña rara de la plaza.

Les defino “rara” con ejemplos.

Sábado a la mañana, todo corre lento para la gente que no trabaja. Yo soy una de esas personas. Maite y yo vamos a una plaza a la que no solemos ir. Ella, con pelota (¡que nunca te falte!), osito de apego y ganas de andar en hamaca. Yo con el termo y el mate, en actitud “que lindo sábado de sol, tenemos que esperar hasta tal hora así que vivamos la plaza con calma”. Llegamos y hay dos niños, hermanos, con su padre. Vieron a Maite con la pelota y se acercaron a jugar con ella. No recibieron otra cosa más que un “nooooo” con grito y llanto. Probaron con la pelota de Maite, con la de ellos, con otros chiches, la invitaron a las hamacas. Nada. Ella se quejaba y  se escondía atrás de mis piernas. No me servía el argumento de “es pequeña” porque uno de los que la invitaba apenas pasaba el año. Llegaron mas niños. Maite no quiso ni acercarse a las hamacas. Fuimos felices cuando nos fuimos a la otra punta de la plaza a patear la pelota y hacer gol solas, nosotras dos. 20150905_162517

Miércoles de tarde. De pasada, pasamos por la placita a la que íbamos casi todos los días antes de mudarnos a otra ciudad. Ella se acordaba clarito: “siiiiiii hamaca amarilla”, me dijo en seguida. Pues esa misma era la única ocupada. Quedó parada al lado del poste, mirando a otros niños jugar, hasta que se desocupó la bendita hamaca amarilla. La subí y comenzamos el juego. La señora que estaba con la niña que recién se bajaba, se tomó la molestia de decir en voz alta: “pero si todas las demás estaban desocupadas, que caprichosa esa niña”. No me dio ni para contestarle que manías tenemos todos.

Sábado a la tarde. Una amiga, su compañero y yo vamos a una plaza enorme y llena de actividades a pasar el rato y juntar a nuestras cachorras, que tienen 10 meses de diferencia, siendo Maite la mayor del par. Como este pasado fue uno de los primeros días de anticipo de primavera, con un clima delicioso, el lugar estaba hasta la manija de gente. Nuestra amiguita, pasó bomba; caminó por ahí, se hamacó y pretendió jugar a la pelota con mi hija. Claro que Maite no aceptó, chilló que nooooooo una vez mas, aunque si aceptó jugar con el padre de la niña. Lo que si hizo durante mucho rato, fue mirar qué era que hacía tanta gente y cómo. Paradita, tranquila, con los ojos bien abiertos.

Ella mira, mira y mira. Después de un rato, te comenta lo que está mirando. Y luego, si todavía no es hora de irse, juega.

Mi amiga del alma, que es sicóloga infantil, me dice que mi niña está todo bien, que es la edad, que tenga paciencia. Mientras, veo a niños de la edad de Maite y mas chicos, jugando de a muchos.

Eso, mas los comentarios maliciosos que llegan de costado… ¡tengo a la rara de la plaza!

Después de los consejos de mi amiga y de tanto leer blogs, creo que está todo bien. Ya llegará el momento de jugar con otros niños, conocidos y (no se si quiero) desconocidos. Porque esto pasa ¿no?

¿Qué llevar a la playa?

Yo pensé que ir a la playa con una niña de un año iba a poder con mi paciencia y mi capacidad de mula de carga. Me dejé guiar y creí que iba a necesitar sacar excusas de la galera para evitar la playa porque iba a ser mas complicado que divertido. Me dejé llevar y llevar… y ¡como me hago la cabeza a veces!

Pero por ahora (si, digo por ahora, ya aprendí the hard way que todo es tan frágil y tan real como el segundo en el que pasa y nada más) viene siendo una ricura.

Como sigo de vacaciones, este post es para animarlos a todos, madres, padres y tutores, a arrancar con estos básicos. No vayan cargados hasta las manos de una, a ver que será que quiere la criatura; que capaz que se sorprenden con que disfrutan jugando con la arena y sintiendo al agua irse y volver, irse y volver.

Eso si, hay 5 cosas que no pueden faltar:

1. Protector/bloqueador solar. Cada pediatra con su librito, yo le recomiendo a cada uno que consulte al médico en el que confía. Nosotros usamos cualquier SPF 50+ para bebés o pieles muy sensibles.

2. Cambio de traje de baño/pañal/lo que sea que use. Dependiendo del tiempo que uno estime que va a pasar en la playa, obvio.

3. Una toalla o salida de baño.

4. Mamadera, bowl con fruta cortadita, galletitas, yogur, agua o lo que sea que la criatura vaya a consumir en ese mismo tiempo.

5. Un recipiente contenedor (uno y uno solo) que les permita transportar agua hacia la arena. Claro que por lo general esto no es solo un contenedor. Es mas bien conjunto balde-pala-rastrillito-formitas. Genial. A la playa  con mochilia

En nuestro caso era todo bárbaro porque además a la nena le gusta llevar sus cosas. Así que el baldecito con los accesorios dentro o su mochilita con muda los llevaba para acá y para allá sin chistar.

Y así arrancamos la primera vez que fuimos a la playa con intenciones de “ir a la playa”. Aclaro las intenciones porque en el país en el que vivo uno puede ser que esté yendo a caminar, tomar mate o andar en bici y termine en la playa. De jean y buzo en pleno marzo, igual. Acá se va a la playa.

Pisando la arena pensé: “pah, que linda está la playa… me quedaría hasta las mil. Que mal que no trajimos casi nada y Maite mucho no va a querer estar”. Me río de mi misma de la poca idea que me hago de algunas cosas.

Entre llegar a la playa, jugar un rato con arena seca y hacer un buen pozo, ir al agua, volver a revolcarse en la arena mojada, volver al agua, y pasar un rato leyendo mientras la niña juega sola, porque le gusta y se le da por jugar sola… pasaron poco más de 3 horas. Divertidas, relajadas, activas 3 horas.

Que repetiría hasta morir.

¡Y que lindo es verla jugar
¡Y que lindo es verla jugar

Le hecho la culpa a las vacaciones

¿En qué otro momento, si no, me dedico a hacer listas de cosas que no tengan plazo?

Si señores, estoy gozando las vacaciones. Gozando. Esa misma es la palabra. Así que mis pensamientos son idealistas, mis actividades ociosas y mis lecturas tienen a un mayordomo asesino.

Y hago listas que no tienen sentido. En esta oportunidad le toca a las actividades que me gusta hacer mientras Maite duerme las siesta en estos día que son una delicia.

1 – Dormir. Tiene y va a seguir teniendo el número 1 en casi todo tiempo libre disponible. Y si el tiempo es breve les digo que a veces con descansar, alcanza.

2 –  Sexo. Si, ya se, la lista se está volviendo predecible. Es que es verano y la ropa es liviana y el maridete y yo siempre nos entendimos bien en algunos temas. Pero no se crean que es tan fácil, porque las vacaciones tienen el asunto de que uno anda mucho por ahí. Así que tampoco es que en cada siesta de la criatura sale y vale. Digo, vean que hay otras cosas en la lista.

3 -Escribir. Es divertido, es catártico, es lo que necesito estas vacaciones. Ahora tengo que superar la etapa “borrador”, pero eso ya es tema de terapia.

4 – Leer. Es una actividad que yo solía hacer muy frecuentemente. Pero con Maite vino una incapacidad circunstancial de concentrarme en dos oraciones salvo que esto fuese con motivo laboral u algún otro asunto práctico. Pasé días en los que no pasaba la página. Aunque si les soy totalmente honesta les diría el primer párrafo. Hasta hace unos días. El maridete, que sabe lo que me gusta, me regaló un libro para leer en la playa.  Y reenganché con el hobby. ¡Viva las vacaciones!

5 – Home improvement. Los días que si estamos en casa, hay que aprovecharlos para mejorar la madriguera. Es como hacen las hormigas, preparando todo para el otoño que vendrá en algún momento.

6 – Mirar la tele. Preferentemente, cuando Maite duerme la siestita corta cerca del mediodía. Por supuesto, lejos del calor del mundo exterior con el cooling system que esté disponible. Preferentemente, algo que ya haya visto antes o que no requiera el menor esfuerzo de mi parte, lo que sea que deje que mis ojos se fijen en la pantalla, mi atención en la luna y mi mente haga ommmmmm….

¿Salimos o no salimos?

Estamos empezando la engañosa primavera.

Si, le digo engañosa y le digo lo que quiera. En donde yo vivo, uno no puede confiar en esta media estación. Cuando te parece que es un día de sol hermoso y que la plaza no puede esperar un segundo más, el viento fresco te voltea y no te deja ni usar las hamacas. Cuando está gris y pensás que no da para nada, la humedad al 100% te regala un calorcito pegajoso mas agradable al aire libre que adentro, pero que puede transformarse en frío polar de un momento a otro, dependiendo de que haya más o menos nubes.

De ahí la disyuntiva del título.

Digo, a esta altura del año, luego de casi hibernar durante el tiempo libre (porque al trabajo y a la escuela si se sale, señores), estamos como locos por un picnic, juegos de plaza, paseo por el parque, playa todavía sin malla o lo que sea que no esté contenido en 4 paredes y un techo.

Además, no nos olvidemos que la peque recién acaba de cumplir 16 meses, así que divertimentos del tipo cine, teatro, museo (que son los paseos que me dejarían feliz de seguir con un techo que me tape el sol) no son muy posibles. Y contando con que esta ciudad no tiene ni un acuario decente.

Eso y que yo necesito estar expuesta al sol en actitud se viene el tiempo lindo. Me está fallando la vitaminda D ya, no puedo más.

Así que me estoy preparando con todas las ganas. Porque además no he parado de leer resúmenes y racontos de todo tipo de vacaciones por parte de todos los blogueros del hemisferio norte. ¡Que cosas geniales que hace la gente cuando se siente bien!

Intenté levantar ideas por ahí. Pero me sucedió que si uno googlea o busca en redes sociales tipo Pinterest, las madres modelo reproducen a escala pintorescos monumentos mundiales con bebés mas chicos que el mío y les queda todo de re chupete. Pero yo no soy madre diseñadora.

Entonces decidí que salir, se sale. Y si luego hay que bancar un resfrío y alguna cosa leve mas, que así sea. Pero me quedan todavía algunos de esos días que no se puede.

Y acá es que les pido ayuda a ustedes, red de madres bloqueas sensatas. ¿Qué cosas hacían ustedes con sus cachorros de año y poco cuando había que quedarse adentro y resultaron exitosas?