El “iutú” de la nena

Acá reventó el verano con todo.  In my face.

Un sol hermoso, tiempo libre, casita con espacio exterior (y ni hablar de la playa, que está bien cerca), todo me grita: “sacá la malla y largate a gozar”. Hasta que: Maite con varicela.

Entonces, vamos sacando de a uno todos los chiches y regalos de Navidad, y matamos los mas complicados de los tiempos con pelis/videos.

En este post les cuento de los videos de YouTube.

A esta niña, como a muchos, le gusta manejarse sola. Es decir, ella tiene un usuario con límites y dentro de esos se maneja eligiendo videos. Se mueve con libertad en una playlist hecha por mi y sigue sugerencias. Con un adulto siempre atento a lo que mira, podemos eliminar el camino cada vez que lo que YouTube sugiere es una línea de videos de propaganda de productos.

Muchas de las cosas que terminan en su playlist fueron encontradas por ella y, al escuchar que mira varias veces un video, se lo agrego para que a mano.

Les cuento algo de lo que hay en el “iutú”. Van en orden de preferencia actual:

  • Masha y el oso: el actual IT. Antes miraba un episodio y pasaba a otra cosa. Ahora, mira los mismos capítulos una y otra vez y otra vez y otra vez, y está empezando a repetir parte de las canciones en ruso y algunos momentos de diálogo. Es buenísimo. Algunos de los videos tienen subtítulos en inglés, pero otros, no tengo idea de lo que dicen. Pero no puede ser terrible. Los que si he entendido son claramente para niños y todos las historias se entienden perfectamente. Seguramente si los busco, debe haber capítulos en español. Pero a ella le divierten en su idioma original 🙂 En el link del título tienen los detalles de la serie en wikipedia. Abajo les dejo el favorito de la semana:
  • Canticuénticos: Grupo de música de Argentina que me pasó una madre con buen tino. Hay varias canciones que a mi hija le tienen el coco partido. Mientras juega a otras cosas las canta bajito, repite coreos, las reconoce por una imagen y cuando aparecen en la pantalla baila y nos llama para que bailemos con ella. A mi me gusta montones porque me hace acordar mucho a Canciones Para No Dormir La Siesta, de aquellas épocas en las que yo era chica. Tienen varios temunes como “La cumbia del monstruo“, “Santo remedio“, “Nada en su lugar“, “Candombo a marunga” o “Quiero para mi” (el huayno favorito del padre). Pero les dejo el video favorito, un chamamé:
  • Duo Karma: Es bastante reciente, pero la niña anda fascinada con la músia de este dúo. Especialmente el video que les dejo acá abajo. Lo canta cuando vamos en el auto, incluyendo cosas que ve por la ventana.
  • Hi-5: El clásico, por favor, en idioma original. Si le cambio por la versión para latinoamérica lo saca reclamando que le ponga “jaifái, mamá”. Con estos ya está en nivel bailo con córeo mientras canto. Me divierte mucho cuando baila esta:
  • Cuentos de había una vez: Son del Paka paka, el primer canal infantil público y educativo operado por el Ministerio de Educación de Argentina. Para mi es una novedad total. Mi hija llegó a estos cuentos sola y le copan. Le gustan varias de las historias, aunque no siempre las mira de principio a fin. Son largas y no tienen música. Hay muchos clásicos y otros que nunca había oído ni nombrar. Maite se cuelga con todo lo que sea chancho.

 

  • Peppa Pig: La chanchita y su familia han bajado varios puestos en los favoritos. Para mi mejor, porque ya saben mi opinión respecto a esto. Y si no, pinchen acá.
  • Pocoyo: Una de las primeras cosas que le gustó mirar. Aunque ahora tira mas para los videos de música que otra cosa. Lo divertido es verla recorrer las miniaturas de los videos para encontrar los mismos en distintos idiomas.

Hay otras cosas en las listas de Maite que visita poco y nada, como “La sopa del bebé“, la serie de Nighty Night del Canal Luli, o Bubba. Pero por ahora ella explora por estos lados. Seguramente, si le agregáramos otras cosas seguiría otros caminos también.

Espero que alguna de estas les resulte un hallazgo divertido. Es bueno ir variando lo que los niños se pegan en la tele. Y, como es recomendable supervisar en todo momento, mas vale que algunas cosas nos gusten a todos.

Me quedan pendientes las pelis… quedan para otro post.

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¿Qué llevar a la playa?

Yo pensé que ir a la playa con una niña de un año iba a poder con mi paciencia y mi capacidad de mula de carga. Me dejé guiar y creí que iba a necesitar sacar excusas de la galera para evitar la playa porque iba a ser mas complicado que divertido. Me dejé llevar y llevar… y ¡como me hago la cabeza a veces!

Pero por ahora (si, digo por ahora, ya aprendí the hard way que todo es tan frágil y tan real como el segundo en el que pasa y nada más) viene siendo una ricura.

Como sigo de vacaciones, este post es para animarlos a todos, madres, padres y tutores, a arrancar con estos básicos. No vayan cargados hasta las manos de una, a ver que será que quiere la criatura; que capaz que se sorprenden con que disfrutan jugando con la arena y sintiendo al agua irse y volver, irse y volver.

Eso si, hay 5 cosas que no pueden faltar:

1. Protector/bloqueador solar. Cada pediatra con su librito, yo le recomiendo a cada uno que consulte al médico en el que confía. Nosotros usamos cualquier SPF 50+ para bebés o pieles muy sensibles.

2. Cambio de traje de baño/pañal/lo que sea que use. Dependiendo del tiempo que uno estime que va a pasar en la playa, obvio.

3. Una toalla o salida de baño.

4. Mamadera, bowl con fruta cortadita, galletitas, yogur, agua o lo que sea que la criatura vaya a consumir en ese mismo tiempo.

5. Un recipiente contenedor (uno y uno solo) que les permita transportar agua hacia la arena. Claro que por lo general esto no es solo un contenedor. Es mas bien conjunto balde-pala-rastrillito-formitas. Genial. A la playa  con mochilia

En nuestro caso era todo bárbaro porque además a la nena le gusta llevar sus cosas. Así que el baldecito con los accesorios dentro o su mochilita con muda los llevaba para acá y para allá sin chistar.

Y así arrancamos la primera vez que fuimos a la playa con intenciones de “ir a la playa”. Aclaro las intenciones porque en el país en el que vivo uno puede ser que esté yendo a caminar, tomar mate o andar en bici y termine en la playa. De jean y buzo en pleno marzo, igual. Acá se va a la playa.

Pisando la arena pensé: “pah, que linda está la playa… me quedaría hasta las mil. Que mal que no trajimos casi nada y Maite mucho no va a querer estar”. Me río de mi misma de la poca idea que me hago de algunas cosas.

Entre llegar a la playa, jugar un rato con arena seca y hacer un buen pozo, ir al agua, volver a revolcarse en la arena mojada, volver al agua, y pasar un rato leyendo mientras la niña juega sola, porque le gusta y se le da por jugar sola… pasaron poco más de 3 horas. Divertidas, relajadas, activas 3 horas.

Que repetiría hasta morir.

¡Y que lindo es verla jugar
¡Y que lindo es verla jugar

Divertida como niña

32 grados a la sombra + cientos de kilómetros de costa + tiempo libre + recientemente incorporado desinterés por lo que otros dirán de lo que parezco en traje de baño + mi Maite adorada con tanta energía = ¡playa!

Voy a a decir la verdad, desde que mi peso es casi el doble del que era hace menos de 10 años, hay actividades que no me copan. Y por actividades quiero decir simplemente existir en un caluroso y húmedo día de verano. Ni les cuento lo que opino de intentar verme cómoda y fresca en una tarde en la que veo salir vapor del pavimento.

Además, el padre de la criatura se estaba doctorando y siempre era mejor estar en algún lugar en el que el hombre pudiera sentarse a escribir.

Así que el año pasado no me costó nada mantenernos lejos de la playa para que la niña no tuviera mucho sol directo ya que no llegaba al año, como recomendó la pediatra. Fueron unas vacaciones diferentes; la playa siempre es un plan cuando uno piensa “vacaciones de verano” y ese fue el primer año que ni vimos la arena entre noviembre y febrero. Las disfruté mucho.

Pero este año no hubo excusas: el maridete tiene entregada la tesis y Maite ya puede untarse en un buen protector solar. Eso y que no podía ser que mi hija aún no hubiese descubierto lo divertido que es jugar con las olas.

Así que durante unos cuantos días la llevamos a varias playas distintas.

Maite, como siempre, como cada vez que entra a algo nuevo. Primero no le copa, mira, espera un poco antes de tirarse a su experiencia; prueba de a poco, va despacito.

Con la arena fue un poco así. Ya la tenía conocida de visitas primaverales a la playa. Así que no costó nada sentarse a jugar y quedarse pasando arena de un lado a otro, haciendo angelito o levantando un puñado y dejando escapar de a poco para medir el viento. En un par de horas ya caminaba por ahí cerquita con una clara intención exploratoria y listo.

Con el agua hay situaciones y momentos. Por ejemplo: lavarse las manos, si; lavarse los dientes, si; bañito, si; duchero, a veces. Jugar con agua en baldes, si; regar las plantas, si; piscina pequeña, depende del día, mejor si es conmigo adentro.

En la situación playa quedamos en que las olas que le revientan en la cara, si, mejor si además es contando hasta 3; sumergir, no, nada, ni hasta las piernas, salvo que sea cuando viene la ola. ¡Como goza cuando viene la ola!

Eso fue lo mejor que tuvo volver a la playa. Resulta que lo que se dice por ahí es verdad: uno vuelve a divertirse como cuando era niño, cuando revive ciertas cosas con sus niños. Me senté en la orilla, rodé por la arena, di vuelta varios baldes y usé la frase “pará que me enjuago la arena de un chapuzón y vuelvo” en reiteración real.

Hoy estamos en casita, preparando lentamente el retorno a las actividades de rutina. Ayer de noche, mientras miraba el cielo tomando el fresco en el balcón del cuarto se me ocurrió varias veces: “si esto es una muestra de lo que me espera vivir con esta niña hermosa, que lindo futuro tengo por delante”.

Y no puedo esperar a pasado mañana, que, si no llueve, vamos a la playa.

Le hecho la culpa a las vacaciones

¿En qué otro momento, si no, me dedico a hacer listas de cosas que no tengan plazo?

Si señores, estoy gozando las vacaciones. Gozando. Esa misma es la palabra. Así que mis pensamientos son idealistas, mis actividades ociosas y mis lecturas tienen a un mayordomo asesino.

Y hago listas que no tienen sentido. En esta oportunidad le toca a las actividades que me gusta hacer mientras Maite duerme las siesta en estos día que son una delicia.

1 – Dormir. Tiene y va a seguir teniendo el número 1 en casi todo tiempo libre disponible. Y si el tiempo es breve les digo que a veces con descansar, alcanza.

2 –  Sexo. Si, ya se, la lista se está volviendo predecible. Es que es verano y la ropa es liviana y el maridete y yo siempre nos entendimos bien en algunos temas. Pero no se crean que es tan fácil, porque las vacaciones tienen el asunto de que uno anda mucho por ahí. Así que tampoco es que en cada siesta de la criatura sale y vale. Digo, vean que hay otras cosas en la lista.

3 -Escribir. Es divertido, es catártico, es lo que necesito estas vacaciones. Ahora tengo que superar la etapa “borrador”, pero eso ya es tema de terapia.

4 – Leer. Es una actividad que yo solía hacer muy frecuentemente. Pero con Maite vino una incapacidad circunstancial de concentrarme en dos oraciones salvo que esto fuese con motivo laboral u algún otro asunto práctico. Pasé días en los que no pasaba la página. Aunque si les soy totalmente honesta les diría el primer párrafo. Hasta hace unos días. El maridete, que sabe lo que me gusta, me regaló un libro para leer en la playa.  Y reenganché con el hobby. ¡Viva las vacaciones!

5 – Home improvement. Los días que si estamos en casa, hay que aprovecharlos para mejorar la madriguera. Es como hacen las hormigas, preparando todo para el otoño que vendrá en algún momento.

6 – Mirar la tele. Preferentemente, cuando Maite duerme la siestita corta cerca del mediodía. Por supuesto, lejos del calor del mundo exterior con el cooling system que esté disponible. Preferentemente, algo que ya haya visto antes o que no requiera el menor esfuerzo de mi parte, lo que sea que deje que mis ojos se fijen en la pantalla, mi atención en la luna y mi mente haga ommmmmm….

Ombligo

Hace unos días reventó el verano. En mi cara.

Aún no había empezado las vacaciones (ahora si, claro que si, ¿de donde saco tiempo para este post, si no?) pero los dias de casi 15 horas de sol dan para todo. Así que a la salida del jardín/trabajo Maite y yo hemos tenido tiempo para actividades refrescantes. Por ejemplo -y lo pueden usar- los juegos con agua.

Casi siempre sucede que terminamos jugando con agua no se como. No me ha salido como algo tan planificado como decir: “ah, bueno, y ahora nos ponemos el traje de baño y jugamos con agua en el patio de casa”. Solo pasa.

Digamos, llegamos a casa, dejamos las mochilas y bolsas y lo que sea en los lugares correspondientes, dejamos entrar al perro y subimos a cambiarnos de ropa y refrescarnos un poco después de mas de media jornada en el centro. Bajamos y, mientras yo miro el cuaderno de comunicados del jardín y toda la rutina que le sigue, Maite se mete de lleno en alguno de sus juguetes. Con todas las puertas y ventanas abiertas, el perro y Maite entran y salen y entran y salen y me pasan por al lado y hacen living-cocina-patio-cocina-living-cocina-patio-cocina-patio-cocina-patio-patio y ahí se quedan.

Mas o menos en ese momento siempre me doy cuenta que al perro le haría bien renovarle el agua para que se refresque él también. Y ahí es cuando es que pasa.

Maite se mata de la risa y empieza “a… uá… a… uá”. Y como yo no me aguanto le tiro unas gotitas en la cara. Y si ahí sucede algo que nos distraiga, puede ser que demoremos unos minutos más en empezar la joda. Pero por lo general, ha sucedido que ella se ríe mucho, me pide mas gotitas, yo le tiro de nuevo y bueno, imagínense el resto.

Después de un rato, cuando Maite ya se sentó en el piso empapado a probar cuales de sus chiches pequeños flotan, suele suceder que le saco la ropa. Y allá ella, toda desnuda, sigue jugando mas cómoda y fresca.

Como tampoco es una niña de quedarse sentada por más de 2 minutos, a rato está recorriendo la pared pintada como el fondo del mar y solicitando el nombre de cada criatura, o conversándole al Timbó para que entre a la carpa o tirándome alguna de las pelotas para jugar. O tocándose las partes del cuerpo para nombrarlas.

El ombligo no es la última adquisición pero es la palabra que repite con más entusiasmo. Solo que, como no siempre su ropa le permite tocarlo, cuando si lo hace es con pasión, aunque a veces no mete el dedo en el lugar indicado.

Yo le señalo donde es el ombligo, que es lo que ella está buscando. Porque trabajar con niños tantos años y alguna que otra experiencia compartida en las redes sociales me han enseñado que siempre es mejor primero escuchar y mantener la calma, ir de a poco.

Pero se me ha plantado la pregunta y aún no estoy segura de la respuesta: ¿cómo se nombran los genitales con niños de mas o menos 2 años?

Yo tengo un poco mas claro el panorama de 5 a 12 años, que es en la edad que se concentran los manuales mas conocidos para educadores. Con niños tan mayores uno puede identificar cierto nivel de detalle y otro nivel de conversación. Pero Maite simplemente empieza a juntar significantes y significados, le pone nombre a las partes de su cuerpo que va descubriendo o controlando o identificando como parte de su todo.

Manuales, rey google y mi experiencia compartiendo muchas horas del día con niños es lo que tengo. Pero aún no he formado una opinión.

Mientras me decido, hago tiempo aprovechando que recién estamos empezando la temporada de andar sin nada en el patio de casa y que lo que señala como no-ombligo es varias partes cercanas, desde “barriga” a “clítoris”. Así que por ahora repite algunas veces algunas de las palabras. Y siempre dice las que ya sabe, claro.

Me vendría muy bien conocer mas experiencias.